Cristiano alzó su quinto Balón de Oro en las entrañas de la Torre Eiffel. Un reconocimiento muy especial para el astro de Madeira, con el que iguala el registro de Leo Messi y con el que alimenta el debate sobre el rey absoluto del fútbol mundial. 

El astro de Madeira, único protagonista de la espectacular ceremonia en la Torre Eiffel, sumó 946 puntos, por 670 del barcelonista y 361 de Neymar

"¿Remontar a Messi? Aprendí a remontar en el Madrid", asegura

El escenario más glamuroso se rindió a los pies de CR7, que superó holgadamente en la votación final a su gran némesis azulgrana. Decidieron 176 periodistas de todos los rincones del globo. Cristiano se llevó 946 puntos. La Pulgadebió conformarse con 670 y Neymar, con 361.

La gala, presentada por David Ginola, quiso distanciarse de la gélida edición de 2016 y recuperó su inconfundible etiqueta. El premio de mayor solera se entregó en el escenario más chic. La puesta en escena resultó impecable y a las ocho en punto de la tarde, el suspense se canalizó a través de un calculado zoom. Todo con aroma James Bond. El tiro de cámara acercándose poco a poco hasta Cristiano, de espaldas, ya con la bola dorada en su regazo.

«Me siento muy feliz. Es un momento fantástico en mi carrera. El año pasado hicimos una temporada estupenda, ganamos la Duodécima y la Liga. Fui pichichi de la Champions. Los trofeos ayudan a este trofeo individual. Quiero agradecer por ello a mis compañeros», adelantó el vencedor, acompañado en el atril por su madre y por Cristiano Jr. Desde las primeras filas sonreía orgullosa Georgina Rodríguez, su actual pareja.

"Espero que esta batalla continúe"

«No sólo necesitas potencial y talento. Has de ser muy profesional. También tener un poco de suerte y ganar títulos importantes», subrayó Cristiano, que jamás rehuyó el cuerpo a cuerpo con Messi en los tiempos duros. Ahora, obviamente, tampoco se va a arredrar. «Espero que esta batalla continúe», añadió el gran protagonista, cuya apretadísima agenda había obligado al cambio de planes de la organización.

France Football debió buscar el resquicio de un jueves, en lugar del tradicional lunes. Y el Madrid, con Florentino Pérez a la cabeza, movilizó toda su maquinaria. A París, al frente de una soberbia nómina de ilustres, viajaron Ronaldo Nazario, Kaká, Fabio Cannavaro, Raúl y Roberto Carlos. Todos lucían exultantes en la platea. Y el presidente hasta se animó a hablar en la lengua de Montaigne.

Aún perseguido por la catarata de flashes, Cristiano regresó poco después al hotel, en plena Plaza del Trocadero. «¿Remontar a Messi? Aprendí a remontar en el Madrid», abundó después ante los periodistas. La interminable batalla de siempre ante Leo y aún más importante, ante el espejo.

El balance de Cristiano en el año natural, desde el pasado 1 de enero, se sintetiza en 38 goles en 45 partidos con el Real Madrid y en 11 tantos en 11 compromisos oficiales con Portugal. Cifras decisivas en los cuatro títulos con la camiseta blanca (Champions, Liga, Supercopa de Europa y de España) y en el pase mundialista de la selección de Fernando Santos, con quien se quedó en semifinales de la Copa Confederaciones.

No obstante, por encima de los números, queda la influencia de Cristiano en el tramo clave del curso. Como punto de partida hay que convenir un lugar, una fecha, un torneo y un rival: Santiago Bernabéu, 18 de abril, Champions, Bayern de Múnich.

«Sólo pido que no me piten. Siempre doy el máximo y cuando no marco intento trabajar para el equipo», declaraba Cristiano tras la prórroga y un hat-trick que valía el pase a semifinales. Porque sí, por entonces, el madridismo venía silbando al ídolo y a su perezoso arranque de 2017. Aquel martes algo hizo clic. Desde entonces, 16 goles en 10 jornadas decisivas entre la ya mencionada Champions y los cruciales triunfos contra Valencia, Sevilla, Celta y Málaga que, tras cuatro temporadas de sequía, valieron una Liga.

Adaptación a cada exigencia

Ahí demostró Cristiano su óptima adaptación a la pizarra de Zidane. Sobre todo tras la irrupción de Isco, punta de un rombo formidable, las aportaciones desde los laterales de Carvajal y Marcelo y los sublimes destellos de Benzema, su mejor socio de siempre. Lejos de su exuberancia física, con menos agilidad y la velocidad punta, Cristiano leyó mejor los partidos y adaptó sus desmarques y conducciones a las exigencias de cada ataque.

No fue un 9 al uso, porque nunca quiso jugar de espaldas, ni ceñirse al pasillo central, como alguna vez pretendió Rafa Benítez. Cristiano, más participativo que nunca, fue el insuperable desenlace de un fútbol de altos vuelos que se hizo inmortal ante Gigi Buffon en Cardiff. En el 1-0, haciendo la pausa ante los centrales para aprovechar el centro atrás de Carvajal. Después, en su movimiento más característico, atacando el primer palo para coronar la asistencia de Modric.
 

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