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La disuasión, la principal victoria de Kim Jong-un

La disuasión, la principal victoria de Kim Jong-un

Ni las sanciones, ni las amenazas ni el aislamiento internacional doblegan la capacidad y voluntad norcoreana de mejorar y ampliar su arsenal nuclear. Su sexta prueba atómica refleja la coherencia de Kim Jong-un respecto a sus promesas y advertencias, pero también una firme voluntad de obtener sus objetivos aunque arriesgue con ello el tibio apoyo de China, su protector internacional.

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¿Qué pretende Kim Jong-un?

Alcanzar una ambición que le consagraría como dirigente y le haría pasar a la Historia, dejándolo al nivel de su padre y su abuelo tras sólo seis años en el poder: lograr que Corea del Norte sea reconocida como potencia nuclear confirmando así su supremacía respecto al Sur, su gran competidor, y Japón. Eso disuadiría al resto de enemigos, y en especial a EEUU, a la hora de intentar reemplazar a la dinastía en el poder del país comunista.

También confirmaría que, pese a su juventud, Kim Jong-un no es en absoluto el joven alocado descrito por Occidente sino un hombre de palabra: cuando lanzó un misil sobre Japón, la pasada semana, advirtió de que se trataba del "primer paso" de una nueva fase. Y cumplió. Kim demuestra que no lanza órdagos sino que da instrucciones, lo cual debería obligar a Occidente a recapacitar sobre la seriedad con la que se toma al líder norcoreano. La comunidad internacional le niega su condición nuclear pese a haber demostrado con creces que ha alcanzado la tecnología y los recursos para tener armas atómicas. Este ensayo es una invitación a Donald Trump para que inicie conversaciones que deriven en el reconocimiento del nuevo estatuto atómico y el final de las sanciones.

¿Por qué está acelerando las pruebas nucleares?

Seguramente, para aprovechar la incoherencia demostrada por la Administración de Trump en lo que respecta a Corea del Norte. La eficaz amenaza de Kim sobre un supuesto ataque contra Guam que nunca se materializó puso en evidencia las inconsistencias del discurso del presidente norteamericano -a veces bravucón, a veces conciliador, siempre confuso- y las contradicciones en las que incurre con otros miembros de su Gobierno. El propio Steven Bannon advirtió, antes de salir de la Casa Blanca, de que no habría solución militar en Corea hasta que "alguien resuelva la ecuación de los millones de muertos" que implicarían las primeras horas de conflicto en Corea del Sur.

Saber que las amenazas presidenciales de "fuego y furia como el mundo nunca antes ha visto" se diluyen en la nada resta relevancia a Trump y debilitan la credibilidad de Washington, principal aliado de Corea del Sur y Japón. El actual momento -Trump acaba de anunciar un aumento de tropas en Afganistán, participa en la coalición contra el IS, amenaza con retomar las sanciones a Irán y, en el plano interno lidia con las inundaciones provocadas por el huracán Harvey- aleja la posibilidad de que se deje arrastrar por una guerra en la península coreana que le acarrearía un conflicto mayúsculo con China, el único adversario internacional que puede medirse con el poderío norteamericano.

¿Qué mensaje recibe China con este ensayo?

Pyongyang ha elegido cuidadosamente el momento: Xi Jinping se disponía a pronunciar el discurso inaugural del BRICS -conferencia anual de economías emergentes que incluye a Brasil, India, Rusia, China y Suráfrica- que se celebra en la localidad costera de Xiamen cuando se conoció la prueba atómica, desluciendo el encuentro. El desdén de Kim hacia Xi parece estar minando la paciencia de Pekín. Como evaluaba a 'The New York Times' el experto de la Universidad de Renmin, Cheng Xiaohe, el momento elegido es deliberado y sirve para evaluar la determinación de China a la hora de debilitar a Corea del Norte. Hace dos semanas, Pekín activó sanciones sobre el marisco norcoreano, como ya había hecho hace meses sobre el carbón, hierro y plomo, en un endurecimiento de su postura hacia su aliado.

"Servirá para comprobar si China va en serio con medidas más radicales como cortar el suministro de combustible a Corea del Norte", avisaba Cheng. Otros analistas consideran que el objetivo último es forzar a Xi a imponer al diálogo, dado que el dirigente chino es el único que tiene acceso e influencia sobre Trump. Pekín no tiene interés en un cambio de régimen que favorezca la presencia estadounidense en sus fronteras, así que se encuentra en una posición incómoda: por un lado se siente ninguneada por su socio comunista y, por otro, no quiere prescindir de él, por lo que apuesta por las negociaciones como solución a la crisis.