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Guerra de Donald Trump desata baño de sangre en El Salvador

Guerra de Donald Trump desata baño de sangre en El Salvador

La guerra contra la Mara Salvatrucha (MS-13) que anunció a finales de julio el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tendrá consecuencias mortales, según varios miembros de una de las pandillas más violentas del mundo.

Mientras tanto, la Policía y los militares de El Salvador han impulsado la caza de los miembros de esa banda y sus patrullas registran a los ciudadanos en busca de tatuajes u otros indicios de actividad criminal.

La lucha para eliminar MS-13 a cualquier costo ha llevado a la deportación masiva de sospechosos de implicación en la red criminal, organizada en los años 80 por inmigrantes salvadoreños en Los Ángeles (California, EE.UU.).

José aseguró a ViceNews que “una vez que la Policía se entere de dónde vivo, van a venir, capturarme y matarme”, por eso la mejor manera de protegerse es volver a las filas criminales, ya que “no quiero morir por nada”.

El operativo anticriminal en El Salvador no es mera precaución. En los 90, EE.UU. deportó a muchos miembros de MS-13, quienes se aprovecharon del vacío del poder en un país devastado por una guerra civil y asumieron el control de ciudades enteras.

El Gobierno salvadoreño maneja el problema de la única manera que conoce: arrestar a pandilleros en grandes cantidades y llenar las cárceles, que ya están sobrecargadas.

Quienes han renunciado a la actividad criminal se sienten entre la espada y la pared, ya que siguen siendo objetivos policiales —algunos se quitan los tatuajes o maquillan sus marcas faciales antes de salir de casa— y también reciben amenazas de los miembros activos de la pandilla, que no toleran las deserciones.

La lucha contra el MS-13 “desestabiliza más el país”, comenta un expandillero apodado Junior. Por su parte, dos miembros de la mara consideran que la lucha de los gobiernos de EE.UU. y El Salvador no les debilitará, sino que aumentará la cantidad de muertes porque les otorgará “más fuerzas para seguir adelante”.

Hasta el momento, la lucha anticriminal ha tenido resultados lúgubres en la calle y se ha cobrado muertos entre los pandilleros, los policías y los civiles, con frecuencia sorprendidos por el fuego cruzado.

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Guerra de Donald Trump desata baño de sangre en El Salvador

La guerra contra la Mara Salvatrucha (MS-13) que anunció a finales de julio el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tendrá consecuencias mortales, según varios miembros de una de las pandillas más violentas del mundo.

Mientras tanto, la Policía y los militares de El Salvador han impulsado la caza de los miembros de esa banda y sus patrullas registran a los ciudadanos en busca de tatuajes u otros indicios de actividad criminal.

La lucha para eliminar MS-13 a cualquier costo ha llevado a la deportación masiva de sospechosos de implicación en la red criminal, organizada en los años 80 por inmigrantes salvadoreños en Los Ángeles (California, EE.UU.).

José aseguró a ViceNews que “una vez que la Policía se entere de dónde vivo, van a venir, capturarme y matarme”, por eso la mejor manera de protegerse es volver a las filas criminales, ya que “no quiero morir por nada”.

El operativo anticriminal en El Salvador no es mera precaución. En los 90, EE.UU. deportó a muchos miembros de MS-13, quienes se aprovecharon del vacío del poder en un país devastado por una guerra civil y asumieron el control de ciudades enteras.

El Gobierno salvadoreño maneja el problema de la única manera que conoce: arrestar a pandilleros en grandes cantidades y llenar las cárceles, que ya están sobrecargadas.

Quienes han renunciado a la actividad criminal se sienten entre la espada y la pared, ya que siguen siendo objetivos policiales —algunos se quitan los tatuajes o maquillan sus marcas faciales antes de salir de casa— y también reciben amenazas de los miembros activos de la pandilla, que no toleran las deserciones.

La lucha contra el MS-13 “desestabiliza más el país”, comenta un expandillero apodado Junior. Por su parte, dos miembros de la mara consideran que la lucha de los gobiernos de EE.UU. y El Salvador no les debilitará, sino que aumentará la cantidad de muertes porque les otorgará “más fuerzas para seguir adelante”.

Hasta el momento, la lucha anticriminal ha tenido resultados lúgubres en la calle y se ha cobrado muertos entre los pandilleros, los policías y los civiles, con frecuencia sorprendidos por el fuego cruzado.