Buenos Aires - Los ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales de los países del G20 reivindicaron hoy en Buenos Aires los aportes del comercio internacional a las economías, en un complejo escenario global donde soplan “vientos de guerra” comercial a partir de las medidas anunciadas por EE.UU.

El documento final de estos dos días de deliberaciones en la capital de Argentina, país que preside el G20 este año, resalta el rol del comercio internacional como “motor” del “crecimiento, la productividad, la innovación, la creación de empleo y el desarrollo”, con un compromiso explícito de los miembros de abstenerse de devaluaciones competitivas con fines comerciales.

Una posición en línea con los compromisos ya asumidos por los líderes del G20 en su última cumbre, celebrada en Hamburgo a mediados de 2017, y que ahora se reafirma tras la reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles extraordinarios a las importaciones de acero y aluminio y que ha desatado fuertes tensiones globales.

El ministro de Hacienda argentino, Nicolás Dujovne, aseguró en la rueda de prensa final que en la cita ministerial “no primó la visión de que se esté en medio de una guerra comercial” ni que se “esté entrando en una guerra comercial a nivel mundial” y resaltó la apuesta por el diálogo en el G20.

Un espíritu “constructivo” que en nada restó a la firmeza de las posiciones tanto de Estados Unidos como de los países que se oponen de lleno a los aranceles que comenzará a aplicar en breve Washington.

“Ninguna guerra comercial será civilizada. Solo habrá perdedores”, advirtió hoy el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, en una rueda de prensa al finalizar la reunión, en la que reclamó a Washington exceptuar a la Unión Europea (UE) de la polémica medida.

Minutos antes, en otro encuentro con periodistas, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, defendió los aranceles como una respuesta ante “prácticas desleales” de comercio y dijo que su país “no le asusta” y está preparado para defender sus intereses ante el “riesgo” de respuestas por parte de otros actores mundiales.

“Esto no es sobre proteccionismo, sino sobre trato recíproco. No buscamos nuestra protección, buscamos un comercio libre y justo en el comercio de acero y aluminio”, subrayó el secretario del Tesoro.

Por su parte, el ministro de Economía español, Román Escolano, mostró su “preocupación y rechazo” a “cualquier escalada proteccionista” y aseguró que “el proteccionismo es un gran error histórico” que debe plantearse multilateralmente.

“Si existen disputas comerciales, deberían resolverlas en el ámbito del orden multilateral de la Organización Mundial del Comercio y no en el marco de medidas unilaterales”, alegó el representante de España, país invitado permanente al G20.

Aunque las incómodas tensiones comerciales sondearon Buenos Aires en estos días, no fue el único ni central punto de la agenda de los ministros, que también hablaron sobre inversiones, principalmente en infraestructura, tributos, arquitectura financiera y nuevos desafíos como los que presentan los criptoactivos.

Estos temas, ejes de las conversaciones entre los 22 ministros de Finanzas, 17 presidentes de Bancos Centrales y diez titulares de organizaciones internacionales presentes en Buenos Aires, continuarán sobre la mesa en las próximas reuniones ministeriales, programadas para abril en Washington y para julio, otra vez en Argentina.

El presidente del Banco Central argentino, Federico Sturzenegger, resaltó que esos debates “intensos” se dan en momentos en que el mundo presenta un crecimiento “mucha más fuerte”, del 4 % anual, un ritmo que no se veía desde antes de la crisis financiera global de 2008.

“Los últimos dos años, en todas las reuniones el debate era sobre cómo aumentar el crecimiento y ese tema en esta conferencia prácticamente no fue tratado tanto”, observó Sturzenegger, que apuntó que ahora el foco está puesto en las “vulnerabilidades” que podrían atentar contra un crecimiento sostenido.

La declaración final apunta algunos posibles riesgos, como flujos de capitales internacionales que su tamaño y volatilidad “pueden representar desafíos de política económica” y un aumento de los niveles de deuda en los países de bajos ingresos que “ha generado preocupaciones sobre las vulnerabilidades de la deuda” en estas economías. EFE

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