Tegucigalpa, Honduras. – El Primero de Mayo de 2026 no fue en Honduras una celebración sino una denuncia: miles de trabajadores se movilizaron este viernes en todo el país convocados por la Central General de Trabajadores (CGT), la Confederación de Trabajadores de Honduras (CTH) y la Federación Unitaria de Trabajadores de Honduras (FUTH), exigiendo mejoras salariales, empleos dignos y un freno al alto costo de la vida en un país donde la precariedad laboral alcanzó niveles críticos al cierre de 2025, con más de dos millones de personas con dificultades de empleo y una informalidad cercana al 78%, según datos del propio Cohep.
El presidente de la CGT, Daniel Durón, fue directo al describir el panorama: la situación laboral en Honduras es «lamentable y crítica», con una precariedad que afecta especialmente a los sectores sin representación sindical y que el líder obrero resumió en tres demandas concretas: «libertad sindical, mejores condiciones de vida para los trabajadores y el respeto a sus derechos». Las protestas también apuntaron al alto costo de los alimentos, los combustibles y la energía eléctrica, en una convergencia de presiones económicas que el movimiento obrero considera insostenible para la clase trabajadora hondureña.
El tema que más encendió el debate en esta jornada fue la Ley de Empleo Parcial aprobada en marzo por el Congreso Nacional, norma que el sector obrero rechaza por considerar que podría facilitar el despido y precarizar la relación laboral en favor de los empleadores. «Esta ley realmente nos tiene preocupados», advirtió Durón, en una postura que la CGT ya había respaldado con el anuncio de acciones jurídicas para demostrar que la norma «lacera derechos» de los trabajadores, en abierta contradicción con el argumento oficial de que busca dinamizar la economía mediante jornadas reducidas.
Piedras y explosivo en la sede del PN
La jornada no transcurrió sin incidentes en la capital. Activistas del opositor Partido Libertad y Refundación (Libre) protagonizaron enfrentamientos frente a la sede del gobernante Partido Nacional, lanzando piedras y un artefacto explosivo contra los agentes policiales que resguardaban el edificio, aunque sin reportarse heridos ni daños materiales de consideración.
El expresidente y coordinador general de Libre, Manuel Zelaya, participó en la marcha a bordo de un vehículo, siendo increpado por un sector de los manifestantes al grito de «fuera políticos», en una escena que refleja la tensión entre la dirigencia partidaria y una base que reclama autonomía frente a los liderazgos tradicionales.
En San Pedro Sula, la marcha tomó un cariz diferente: un grupo de trabajadores quemó un monigote con la figura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en protesta por su presunta «injerencia» en las elecciones generales de 2025 que llevaron al poder al conservador Nasry Asfura, en una jornada que recorrió las principales vías de la segunda ciudad del país entre consignas de exigencia social y críticas a la actual administración.
La voz del empresariado
Desde el otro lado de la mesa, la presidenta del Cohep, Anabel Gallardo, eligió el tono del diálogo sobre la confrontación: defendió la colaboración entre sectores productivos como «la ruta definitiva» para construir una nación «competitiva, moderna y llena de oportunidades», subrayando que «el talento humano sigue siendo el activo más valioso de nuestras empresas» y que el diálogo entre empleadores, trabajadores y Gobierno «no es solo una aspiración, es ya una realidad demostrada».
La empresaria reafirmó que para el Cohep el crecimiento de Honduras es «inseparable» del bienestar de su fuerza laboral, en un mensaje que busca tender puentes en una jornada marcada por la tensión entre quienes producen y quienes emplean en un país donde esa brecha sigue siendo una de las más profundas de Centroamérica.


