Tegucigalpa, Honduras. — La calma que se percibe en los precios de algunos productos agrícolas en la capital podría ser solo el preludio de una tormenta económica. Jimmy Ponce, vocero de la Feria del Agricultor, lanzó una advertencia este viernes: el mercado hondureño aún no siente la «repercusión real» del incremento en los costos de producción.
La razón es simple pero preocupante: actualmente se está consumiendo lo que se sembró antes del alza generalizada en los suministros y combustibles.
Según el análisis de Ponce, los cultivos que hoy llegan a las mesas no recibieron el impacto directo de la crisis actual de los carburantes. Sin embargo, el experto no descarta que el encarecimiento de los insumos genere un «impacto negativo» inevitable en el corto plazo, afectando las finanzas de productores, procesadores y, finalmente, del consumidor hondureño, quien terminará pagando los platos rotos de la inflación.
En el ámbito macroeconómico, la situación es igualmente compleja. La economista y expresidenta del Colegio de Economistas, Liliana Castillo, explicó que las recientes rebajas internacionales en el petróleo tardarán entre uno y dos meses en reflejarse en las gasolineras locales.
Esto se debe a que los importadores deben agotar primero los inventarios adquiridos a precios elevados para evitar pérdidas financieras. «Hay un rezago entre el precio internacional y lo que se refleja aquí», puntualizó Castillo.
A pesar de este panorama, hay una luz de esperanza en el horizonte internacional. Irán anunció recientemente que el estrecho de Ormuz permanecerá «totalmente abierto» tras la tregua en el Líbano, una acción que podría presionar a la baja el precio del crudo a nivel global.
No obstante, el daño inmediato ya es visible: el Índice de Precios al Consumidor de marzo saltó al 3.94%, superando el 3.40% de febrero, con un impacto directo y doloroso en los sectores de transporte y energía.
Para las familias hondureñas, el mensaje es de cautela. Mientras la economía global intenta estabilizarse, el mercado interno se prepara para absorber los costos de una producción que ya no será tan barata como la de meses anteriores.
La vigilancia de los precios y la eficiencia en el gasto se vuelven, ahora más que nunca, herramientas de supervivencia para el hogar.


