Tegucigalpa – Una fuerte crítica interna marca la renuncia oficial del exvicecanciller de asuntos migratorios Antonio «Tony» García al Partido Libertad y Refundación (Libre), quien formalizó su separación mediante una carta dirigida al coordinador Manuel Zelaya Rosales donde expone serios cuestionamientos al rumbo del partido oficialista.
García justifica su decisión señalando una «creciente preocupación sobre la dirección estratégica que ha tomado el partido y el Gobierno», identificando lo que considera una peligrosa radicalización en las posturas políticas de la organización que lo llevó al poder.
El exfuncionario centra sus críticas en lo que describe como «una postura innecesariamente confrontativa hacia el sector empresarial», argumentando que este constituye «un actor indispensable para la creación de empleo y riqueza», una visión que considera incompatible con el enfoque actual del partido hacia el sector privado.
Las observaciones de García trascienden las diferencias de política económica para adentrarse en cuestionamientos sobre la calidad democrática interna del partido. El exvicecanciller establece una distinción filosófica importante al sostener que «en un sistema democrático, la disidencia es un derecho, no un acto de traición. Un traidor no es quien es fiel a sus ideales, sino quien los sacrifica por conveniencia o privilegio».
La crítica más severa del exfuncionario se dirige hacia la actitud de sus antiguos compañeros de partido, a quienes acusa de mantener una lealtad acrítica que considera perjudicial para el funcionamiento democrático de la organización. Según García, la mayoría de sus ex compañeros «no cuestionan ni plantean nada fuera de la línea oficial o guardan silencio por conveniencia o simplemente son robots sin convicción propia, por no usar otro término».
Esta caracterización sugiere un ambiente interno donde el debate constructivo ha sido reemplazado por una adhesión ciega a las directrices oficiales, una situación que García considera incompatible con sus principios políticos y su visión sobre el funcionamiento democrático.
El exvicecanciller concluye su carta enfatizando el carácter definitivo de su separación del partido, declarando que «por estas razones de principio, y al ya no sentirme representado por la actual dirección y actuaciones de LIBRE, tanto como partido como en el ejercicio del gobierno, he tomado esta decisión irrevocable».
La renuncia de García expone tensiones internas significativas dentro del partido gobernante, evidenciando diferencias fundamentales sobre el rumbo estratégico que debe seguir Libre tanto en su funcionamiento interno como en el ejercicio del poder gubernamental, cuestionamientos que llegan en un momento crucial para la organización oficialista.


