Tegucigalpa, Honduras.— Moverse por la capital podría ser más sencillo en los próximos meses. El Gobierno hondureño, a través de la Secretaría de Infraestructura y Transporte (SIT), continúa impulsando obras clave para modernizar la red vial del país, y entre ellas destaca el libramiento Anillo Periférico – CA-5 Sur (Salida al sur), que ya registra un avance del 40% en ejecución física y representa una de las soluciones más importantes para la movilidad en el Distrito Central.
La moderna vía tendrá una longitud de 8.16 kilómetros, con cuatro carriles y posibilidad de ampliación a seis, conectando el Anillo Periférico con la carretera CA-5 hacia Choluteca.
Un diseño que busca reducir significativamente la congestión vehicular en uno de los puntos más transitados de la capital, donde miles de conductores enfrentan diariamente largas filas y tiempos de viaje extendidos.
El proyecto incluye intercambiadores en La Cañada y El Tizatillo, un túnel hacia Altos de Santa Rosa, sistemas de drenaje, pavimento de concreto hidráulico y obras complementarias para garantizar una carretera moderna, segura y eficiente. Una infraestructura que no solo responde a la demanda actual, sino que también contempla el crecimiento vehicular de los próximos años.
Este proyecto, cuya estructuración y financiamiento se gestionó en el gobierno del 2018, hoy avanza con ejecución visible y resultados concretos para la población.
Un recordatorio de que las obras de infraestructura, cuando se planifican con visión de largo plazo, pueden trascender los ciclos políticos y convertirse en legado para la ciudadanía.
Además del impacto en movilidad, la construcción ya genera más de 500 empleos directos e indirectos, dinamizando la economía local y beneficiando a más de 2.3 millones de hondureños que dependen de esta red vial para sus desplazamientos diarios.
Un dato que refleja cómo la inversión pública en infraestructura puede tener efectos multiplicadores en el empleo, el comercio y la calidad de vida.

Para los residentes del sur de Tegucigalpa, la expectativa es que la finalización de la obra reduzca los tiempos de traslado y mejore la seguridad vial; para los transportistas, una ruta más ágil significa menor consumo de combustible y mayor eficiencia operativa; y para el país, una conexión más robusta entre la capital y el corredor sur fortalece la integración económica regional.
Mientras los equipos de construcción avanzan en las diferentes fases del proyecto, el mensaje que queda en el aire es claro: la infraestructura no es un gasto, es una inversión en el desarrollo y el bienestar colectivo.
Porque al final, más allá de los kilómetros de pavimento y los intercambiadores, lo que importa es que los hondureños puedan moverse con seguridad, rapidez y dignidad, sin que el tráfico se convierta en un obstáculo para su productividad y su tranquilidad.














