Tegucigalpa, Honduras. – Los principales candidatos presidenciales de la oposición hondureña han sellado un pacto para «cuidar los votos en cada urna y las actas» el próximo 30 de noviembre.
-La gran ausente del evento, promovido por la organización Defensores de Honduras, fue la candidata oficialista Rixi Moncada, lo que evidencia la profunda polarización a solo 19 días de las elecciones.
En un evento cargado de simbolismo, Salvador Nasralla (Partido Liberal) y Nasry Asfura (Partido Nacional), junto a Mario Rivera (Democracia Cristiana), estamparon su firma en un compromiso para proteger el proceso electoral, marcando una postura unificada frente a las amenazas que perciben sobre la democracia.
El evento, impulsado por la organización Defensores de Honduras, se destacó tanto por los presentes como por la notoria ausencia de la candidata del partido de gobierno, Rixi Moncada, lo que subraya la brecha existente entre el oficialismo y el resto de las fuerzas políticas.
El candidato del PINU-SD, Nelson Ávila, tampoco asistió, pero envió a un representante en señal de apoyo.
Tras firmar el acuerdo, el candidato nacionalista, Nasry Asfura, hizo un llamado a la calma y a la participación masiva. «Salgamos a votar este 30 de noviembre y demostremos que somos un pueblo de paz, amor y tranquilidad», enfatizó, pidiendo a la ciudadanía que, después de votar, se quede a «cuidar el voto hasta el final del día».
Por su parte, el candidato liberal, Salvador Nasralla, adoptó un tono más combativo, afirmando que el país está «en peligro de perder la nación» y que la única forma de impedirlo es con el «voto masivo y temprano».
Con confianza, declaró: «Llueva, truene o relampaguee, voy a ganar las elecciones. Ningún brujo podrá vencer la voluntad del pueblo hondureño». Además, se posicionó como el único candidato sin cuentas pendientes con la justicia.
El candidato de la Democracia Cristiana, Mario Rivera, se presentó como el «cambio» que Honduras necesita después de décadas de lo mismo y se unió al llamado de cuidar el voto en las urnas.
La firma de este pacto opositor se interpreta como una estrategia para generar un frente común de vigilancia y defensa del resultado electoral, en un ambiente de profunda desconfianza hacia las instituciones y el partido en el poder.




