Tegucigalpa, Honduras. – La presidenta Xiomara Castro se despidió este lunes con una inauguración parcial del Estadio Nacional Chelato Uclés de Tegucigalpa, cerrando su gestión de cuatro años con el mismo patrón de obras inconclusas que caracterizó su administración, abandonando el poder este 27 de enero según lo establece la Constitución de la República.
«En este estadio hace cuatro años estuvimos asumiendo la Presidencia de la República y hoy volvemos en el último día de mi mandato… hoy entregamos un estadio remodelado, diferente, un estadio de primer mundo«, expresó la mandataria saliente, en un discurso donde presumió logros que contrasta con la realidad de obras sin completar.
Castro recordó que inauguró cinco estadios, 104 campos de fútbol y 31 están por concluir, enfatizando inversiones en infraestructura deportiva mientras el sistema de salud colapsaba con ocho hospitales prometidos que no completó ninguno y la suspensión de radioterapias en el Hospital San Felipe.
En su último discurso volvió a presumir sus logros afirmando que su gobierno fue del y para el pueblo. «Dejamos una macroeconomía sólida en nuestro país», externó, mientras economistas señalan que el 74% de la población ocupada trabaja en informalidad y se perdieron 300 mil empleos con la derogación del empleo parcial.
«Igual de sólidas dejamos las reservas internacionales, como nunca estuvieron en nuestro país», agregó Castro, destacando indicadores macroeconómicos mientras miles de familias enfrentan desempleo, pobreza y falta de acceso a servicios básicos.
La mandataria saliente mencionó el retorno a la matrícula gratis y la merienda escolar, con un millón 200 mil niños beneficiados, omitiendo mencionar el colapso del sistema educativo y la falta de inversión en infraestructura escolar que dejó múltiples centros sin completar reparaciones.
Entre otros logros recordó el subsidio a la energía, al transporte y al combustible, mientras la ENEE cierra con deuda de 110 mil millones de lempiras comprometiendo recursos del presupuesto nacional por 7 mil millones anuales.
Castro afirmó que «muchos ancianos en Honduras están recibiendo medicamentos en su casa», declaración refutada incluso por los mismos empleados de gobierno que este lunes protestaron exigiendo el pago de su salario por el traslado de los medicamentos, evidenciando la brecha entre el discurso oficial y la realidad.
La presidenta le deseó suerte a Nasry Asfura como nuevo presidente y finalmente exclamó: «¡Misión cumplida, prohibido olvidar que somos resistencia!«, reafirmando su identidad política vinculada al movimiento que surgió tras el golpe de Estado de 2009.
La ahora expresidenta inauguró el área de butacas con un monto de 14 millones de lempiras, de igual manera el proyecto del techo de un sector de sol del estadio valorado en 51 millones de lempiras, entre otras mejoras que totalizaron inversiones millonarias en remodelación deportiva.
Sin embargo, se trata de una inauguración parcial como sucedió con varios proyectos como los ocho hospitales, carreteras y reparaciones en escuelas, patrón que caracterizó una administración que presumía obras sin completarlas efectivamente.
Castro se caracterizó por inaugurar obras de forma parcial o remodelaciones en lugar de proyectos nuevos completados, generando críticas sobre la efectividad real de las inversiones públicas realizadas durante su gestión.
La remodelación del estadio capitalino es la última obra de Castro al frente del Poder Ejecutivo, cerrando simbólicamente en el mismo lugar donde inició su mandato hace cuatro años con promesas de transformación que diversos sectores consideran incumplidas.
Este martes 27, Nasry Asfura asume como presidente electo para el periodo 2026-2030, heredando múltiples obras inconclusas, un sistema de salud colapsado, 38 instituciones que deberá eliminar y una deuda energética de 110 mil millones de lempiras.
Cabe señalar que la modernización del área de butacas ha sido ampliamente criticada ya que cuenta con los colores de la bandera de Venezuela, país al que Castro manifestó apoyo constante durante su gestión, generando cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos con fines ideológicos.
Sin embargo, desde el oficialismo se ha argumentado que son los colores de la Guacamaya, ave nacional y de la bandera de la capital hondureña, en un intento de justificar la polémica decisión estética que ha generado rechazo en sectores opositores.
El mensaje final de Castro «prohibido olvidar que somos resistencia» marca su salida del poder manteniendo la narrativa política que la llevó a la presidencia, aunque el electorado hondureño expresó en las urnas del 30 de noviembre su rechazo a la continuidad de Libre que quedó como tercera fuerza con apenas 19.19%.













