Tegucigalpa, Honduras. – Tras meses de negociaciones que se extendieron más allá de lo esperado, el sector privado y las centrales obreras alcanzaron este lunes un acuerdo sobre el ajuste al salario mínimo para 2026 y 2027, cerrando uno de los debates laborales más esperados del año en un contexto de alta inflación, combustibles en máximos históricos y una canasta básica que ya supera los 16,200 lempiras.
El ministro de Trabajo, Fernando Puerto, confirmó en conferencia de prensa que el acuerdo abarca 11 industrias y ramas de la economía nacional y que el nuevo ajuste será retroactivo a partir del 1 de enero de 2026. Sin embargo, dado que la negociación se extendió hasta este lunes, los incrementos correspondientes a enero, febrero, marzo y abril serán pagados de forma diferida a más tardar el 31 de julio, incluyendo a los trabajadores temporales.
Los porcentajes acordados varían según el tamaño de la empresa. Para 2026: 6% para empresas de 1 a 10 trabajadores, 6% para las de 11 a 50, 7% para las de 51 a 150 y 7% para las de 151 trabajadores en adelante. Para 2027 los ajustes son: 6% para empresas de 1 a 10 trabajadores, 6% para las de 11 a 50, 7% para las de 51 a 150 y 7.5% para las de 151 en adelante, en una escala que premia ligeramente a los trabajadores de las empresas más grandes en el segundo año del acuerdo.
El acuerdo supera la tasa de inflación del 4.98% registrada en 2025, lo que en teoría preserva el poder adquisitivo real de los trabajadores, aunque en la práctica la inflación de 2026 ya apunta a niveles más altos por el impacto de la guerra en el Medio Oriente sobre los precios de los combustibles y la cadena de bienes y servicios.
El presidente de la Asociación Nacional de Enfermeras y Enfermeros Auxiliares de Honduras (ANEEAH) y representante obrero ante la mesa negociadora, Josué Orellana, fue honesto al valorar el resultado: «No existe satisfacción ya que se pudo negociar un ajuste del 10% y siempre hubiese existido insatisfacción, pero se logró un equilibrio entre mantener los empleos y lograr un paliativo», afirmó el dirigente, reconociendo que la clase trabajadora enfrenta una «cruda realidad» ante el alto costo de la vida y que los porcentajes alcanzados se acercan pero no resuelven completamente esa brecha.
«Nunca va a haber satisfacción plena sobre una negociación salarial», concluyó Orellana, pero insistió en que el acuerdo representa un punto de equilibrio que ambas partes pudieron sostener.


