San Pedro Sula, Cortés.— La justicia llegó para dos niños que durante años permanecieron bajo el cuidado de quien debería protegerlos. La Sala V del Tribunal de Sentencia de San Pedro Sula declaró culpable por unanimidad de votos a Katherine Yulibeth Romero Sorto, acusada de cometer tres delitos sexuales en contra de los hijos de su expareja, en un fallo que cierra una etapa del proceso pero que deja abierta la definición de la sanción que deberá cumplir.
Los hechos, según las investigaciones del Ministerio Público, ocurrieron durante varios años, cuando las víctimas —dos menores de edad— permanecían bajo el cuidado de la imputada. Una situación de confianza que, en lugar de brindar protección, se convirtió en el escenario de abusos que ahora han sido reconocidos por un tribunal de justicia.
Para llegar a esta decisión, el Ministerio Público presentó un conjunto de evidencias que incluyó evaluaciones psicológicas, exámenes físicos, análisis videoforenses, el testimonio directo de los menores, declaraciones de familiares e investigadores, así como comunicaciones entre las víctimas y la imputada.
Un despliegue probatorio que permitió reconstruir los hechos y sustentar la acusación por los delitos de violación continuada y otras agresiones sexuales calificadas continuadas.
El fallo unánime de la Sala V refleja la solidez de las pruebas presentadas y la gravedad de los actos cometidos. Para las víctimas y sus familias, esta sentencia representa un paso hacia la reparación del daño; para la sociedad, un recordatorio de que los delitos contra la niñez no quedarán impunes cuando existen elementos suficientes para demostrar la responsabilidad de los acusados.
Ahora, el proceso entra en una nueva fase. La audiencia de individualización de la pena fue programada para el jueves 26 de marzo, a partir de las 9:00 de la mañana, momento en el cual el tribunal determinará la sanción específica que deberá cumplir Katherine Yulibeth Romero Sorto por los delitos declarados probados.
Mientras se espera esa definición, el caso deja una reflexión necesaria: la importancia de creer en las víctimas, de investigar con rigor y de garantizar que el sistema de justicia responda con la seriedad que exigen los delitos que afectan a quienes no pueden defenderse por sí mismos.
Para los dos niños que hoy ven reconocida su verdad en un fallo judicial, el camino de la recuperación apenas comienza; para la sociedad, el compromiso de seguir construyendo entornos seguros donde la niñez pueda crecer sin miedo.


