Tegucigalpa, Honduras. – Minutos después de que la candidata oficialista Rixi Moncada cuestionara públicamente la transparencia del proceso electoral, el consejero del Consejo Nacional Electoral (CNE), Marlon Ochoa, lanzó una bomba institucional: el simulacro del sistema TREP fracasó.
En una publicación en su cuenta de X, Ochoa reveló que, al cierre del ejercicio a las 3:00 de la tarde, solo se habían transmitido 1,556 actas de las 4,362 esperadas, y que apenas 317 dispositivos biométricos lograron conectarse de los 1,340 desplegados a nivel nacional.
“Falló la conectividad satelital y falló uno de los canales de transmisión desde los centros de votación”, afirmó, en un pronunciamiento que adelantó a la presidenta del CNE, Ana Paola Hall, quien, como máxima autoridad del órgano, es la encargada oficial de dar a conocer los resultados del simulacro.
Pero más allá de los números, Ochoa fue contundente en su diagnóstico: “Esto constituye una prueba más de que la revelación de los audios es cierta y que existe una conspiración contra el proceso electoral orquestada desde el propio seno del CNE”.
El consejero exigió “verdad y absoluta transparencia”, al advertir que, a 20 días de las elecciones, no existen garantías técnicas ni institucionales para un escrutinio preliminar confiable. “El CNE le debe la verdad al pueblo hondureño”, cerró.
Su declaración no solo pone en duda la capacidad operativa del sistema biométrico, sino también la unidad y credibilidad del propio ente electoral, en un momento en que cada fallo técnico se convierte en una herida política. Y en medio de ese caos, un mensaje resuena con fuerza: si el TREP no funciona en un simulacro, ¿cómo lo hará el 30 de noviembre?




