InicioOpiniónJosé Eliécer PalominoCuando la vida toca a mi balcón

Cuando la vida toca a mi balcón

Poema – Reflexión sobre la filosofía del amor y del asombro

Jose Palomino
Por: José Eliécer Palomino Rojas

Esta mañana fresca

no fue el ruido quien me despertó,

fue el silencio.

Un silencio distinto,

como si el aire trajera un secreto

y la luz caminara despacio

para no interrumpir el milagro de la vida.

En mi planta de cuerno,

entre hojas verdes que parecen manos abiertas,

una tórtola eligió mi balcón

para confiar su esperanza.

No pidió permiso.

No anunció su llegada.

Simplemente creyó.

Allí, en un nido humilde de ramas frágiles,

descansa un huevo blanco:

pequeño, vulnerable,

pero cargado de eternidad.

Y pensé en el mundo…

Y aunque creí que me sentía solo

por la ausencia temporal de mi esposa,

de repente llegó una compañía inesperada:

una sencilla y frágil tórtola

de cuello suave y pecho dorado,

vino a recordarme

que la vida nunca nos deja del todo.

El mundo corre,

no mira,

ha cambiado el asombro por la prisa

y la contemplación por la pantalla.

Para algunos,

esto no significa nada.

Es solo “un ave más”.

Pero para otros,

los que aún conservan

la filosofía del amor y del asombro,

los que todavía dialogan con el misterio…

esto es sagrado.

Porque donde hay vida,

hay milagro.

Y donde hay confianza,

hay lección.

Esa tórtola no tocó mi puerta,

pero tocó mi espíritu.

Me recordó que la grandeza

no siempre hace ruido,

que lo eterno puede caber

en un pequeño balcón.

Hoy mi casa no es solo casa.

Es nido.

Es pausa.

Es altar sencillo de la vida que insiste.

Y yo, en medio del silencio,

agradezco que todavía existan visitas

que nos enseñen a mirar

con amor

y con asombro.


Las opiniones expresadas de los “columnistas” en los artículos de opinión, son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente reflejan la línea editorial de Diario El Mundo.

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