Tegucigalpa, Honduras.— Cuando el precio del petróleo tiembla en el mundo, el bolsillo de los hondureños lo siente en el mercado. Juan Carlos Rodríguez, arquitecto y exdirigente de la Coalición Patriótica de los Combustibles, advirtió este miércoles que la alta dependencia de productos importados agrava el impacto de la inflación en el país, una realidad que exige medidas urgentes para reducir las compras externas y blindar la economía familiar.
Según explicó Rodríguez, Honduras enfrenta una crisis que no puede controlar del todo, especialmente en la canasta básica. «Hay productos que están por venir en las próximas semanas o meses y ya traen una inflación implícita que se sumará a la nuestra», señaló el especialista, al describir un escenario donde los precios futuros ya vienen cargados de presiones internacionales que el consumidor local terminará pagando.
Ante este panorama, planteó reducir la dependencia de las importaciones y fortalecer la capacidad interna para abastecer el mercado, con énfasis en proteger a los sectores más vulnerables de la población. Una propuesta que reconoce que la soberanía alimentaria y productiva no es solo un ideal económico, sino una herramienta de protección social.
El especialista enfatizó que actualmente el 82% de lo que se consume en el país es importado, una cifra que considera alarmante y que evidencia la vulnerabilidad de la economía nacional frente a factores externos, especialmente el comportamiento de los combustibles. Un porcentaje que, según su análisis, convierte a Honduras en un receptor pasivo de las fluctuaciones globales, sin capacidad de amortiguar los shocks que llegan desde fuera.
En ese sentido, explicó que prácticamente todos los productos importados tienen un precio muy volátil debido a la fuerte crisis petrolera a nivel global. «Todo lo que se importa está indexado al combustible, porque debe producirse y trasladarse hasta el país», apuntó Rodríguez, en una reflexión que conecta el precio del barril con el costo de los alimentos, los insumos médicos y los bienes de consumo diario.
Para los productores nacionales, esta advertencia representa un llamado a impulsar políticas que favorezcan la inversión local; para la ciudadanía, el desafío es entender que la estabilidad de precios no depende solo de subsidios, sino también de una estrategia de largo plazo que reduzca la exposición a mercados volátiles.
Mientras se discuten las medidas de protección económica y se monitorean los precios internacionales, el mensaje que queda en el aire es claro: la dependencia externa tiene un costo, y cada producto que Honduras deja de producir es una oportunidad que pierde para proteger a su población de la incertidumbre global. Porque al final, más allá de los porcentajes y las importaciones, lo que importa es que cada familia hondureña pueda acceder a bienes esenciales sin que la volatilidad internacional se convierta en una amenaza constante para su bienestar.


