Tegucigalpa, Honduras. – Lo que comenzó como el desprendimiento de una parte del cerro terminó convirtiéndose en una compleja emergencia marcada por estructuras colapsadas, un incendio de grandes proporciones, trabajadores atrapados y familias esperando noticias frente a un escenario de tierra, humo y escombros.
El derrumbe registrado en las cercanías del Anillo Periférico, a la altura de Loarque y la salida al sur de Tegucigalpa, dejó hasta el momento una mujer fallecida, varias personas rescatadas con vida y al menos dos trabajadores identificados que continuaban desaparecidos.
La víctima mortal fue identificada como Claudia Suyapa Garay, de 46 años, quien trabajaba como aseadora en las bodegas alcanzadas por el deslizamiento.
Su cuerpo fue localizado durante las operaciones desarrolladas en horas de la tarde y noche, después de una jornada en la que familiares, compañeros y equipos de socorro mantuvieron la esperanza de encontrarla con vida.
Las personas que permanecían identificadas como desaparecidas eran Karen Dinora Girón, de 41 años, y Félix Núñez Flores.
Los reportes iniciales variaron sobre el número total de personas atrapadas o sin localizar, por lo que las autoridades continuaban verificando los listados de trabajadores y revisando cada sector del complejo para descartar la existencia de más víctimas.
Seis trabajadores fueron rescatados
En medio de la tragedia, los cuerpos de emergencia consiguieron rescatar con vida a por lo menos seis trabajadores, varios de ellos sin lesiones de gravedad.
Los sobrevivientes fueron extraídos de un área donde el colapso de las bodegas se mezcló con piedras, tierra, estructuras metálicas y los efectos de un incendio que aumentó el nivel de peligro.
La emergencia obligó a movilizar al Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja Hondureña, la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), la Alcaldía Municipal del Distrito Central y otras instituciones de respuesta.
Durante algunos momentos, los bomberos ordenaron apagar motores, retroexcavadoras y equipos para reducir el ruido y detectar posibles señales de sobrevivientes.
Los rescatistas permanecieron atentos a gritos, golpes o silbatos que pudieran provenir de las estructuras colapsadas.
El teniente del Cuerpo de Bomberos, Marco Antonio Artica, informó que los equipos consiguieron avanzar entre cinco y seis metros hacia los puntos donde se presumía que podían encontrarse las personas desaparecidas.
La presencia de cavidades entre los escombros, conocidas por los rescatistas como “huecos de vida”, mantenía abierta la posibilidad de encontrar sobrevivientes.
Sin embargo, las autoridades evitaron anticipar conclusiones sobre el estado de las personas buscadas, debido a que todavía no habían logrado establecer contacto directo con ellas.
Una operación bajo amenaza de nuevos deslizamientos
Las labores se desarrollaron en condiciones extremadamente delicadas.
El terreno permanecía inestable y el movimiento de material en la parte baja podía provocar desprendimientos adicionales en las zonas superiores del cerro.
A ese riesgo se sumaron el incendio, el humo, posibles sustancias tóxicas almacenadas en las bodegas y la presencia de estructuras debilitadas.
La maquinaria pesada fue utilizada con cautela para remover escombros y abrir rutas de acceso, debido a que una intervención brusca podía desestabilizar el terreno o afectar posibles espacios donde hubiera personas atrapadas.
Los operadores y rescatistas trabajaron mediante relevos continuos por el desgaste físico acumulado durante varias horas de operación.
Las lluvias también representaban una amenaza, ya que podían saturar aún más el suelo y obligar a suspender temporalmente la búsqueda para proteger la vida del personal.
El viceministro de Copeco, Nelson Márquez, pidió a la ciudadanía no transitar por el sector afectado y respetar el perímetro establecido por los cuerpos de seguridad.
La presencia de curiosos, vehículos y personas ajenas a la operación podía entorpecer el ingreso de ambulancias, maquinaria y unidades de rescate, además de exponer a más personas a posibles derrumbes.
El desastre abre interrogantes técnicas
Mientras los equipos concentran sus esfuerzos en localizar a los desaparecidos, el desastre también deja una serie de preguntas que deberán responderse mediante una investigación técnica independiente.
El vicepresidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Honduras (CICH), Mario Matamoros, consideró indispensable revisar las causas del colapso y verificar si las construcciones contaban con todos los permisos correspondientes.
Matamoros explicó que una posible hipótesis preliminar podría estar relacionada con un fenómeno de empuje de suelos, pero advirtió que ningún señalamiento puede considerarse definitivo sin estudios geotécnicos especializados.
“Hay que hacer las investigaciones correspondientes con un equipo de especialistas y verificar que todos los permisos requeridos estuvieran en orden, tanto de construcción como ambientales”, manifestó.
El análisis deberá determinar si las bodegas fueron edificadas bajo estudios adecuados del terreno, si existían obras de contención suficientes y si se contemplaron correctamente los riesgos derivados de la cercanía con la ladera.
También deberá establecerse si los responsables del proyecto cumplieron con los permisos de mitigación, las licencias ambientales y las exigencias municipales para desarrollar construcciones en una zona potencialmente vulnerable.
¿Eran suficientes las medidas de mitigación?
La investigación no debería limitarse a determinar qué provocó el desprendimiento del cerro.
También tendrá que revisar si las medidas preventivas aprobadas eran suficientes para las características del terreno y si fueron ejecutadas conforme a los diseños autorizados.
Entre los aspectos que deberán examinarse figuran los estudios de suelo, los sistemas de drenaje, la conducción de aguas lluvias, la estabilidad del talud, la existencia de muros de contención y el mantenimiento realizado en la zona.
Será necesario verificar si hubo modificaciones posteriores en el terreno, excavaciones, acumulación de materiales o construcciones que alteraran el equilibrio natural de la ladera.
Las autoridades municipales y ambientales deberán informar qué permisos fueron otorgados, cuándo se aprobaron y qué instituciones realizaron inspecciones antes y durante el funcionamiento de las bodegas.
También corresponderá determinar si existían planes de emergencia y protocolos de evacuación para los trabajadores.
El hecho de que varias personas se encontraran dentro del complejo al momento del colapso obliga a revisar qué medidas de protección laboral estaban vigentes y si los riesgos del terreno habían sido identificados previamente.
Una tragedia que exige responsabilidades
El rescate de varios trabajadores demuestra la importancia de la reacción coordinada de los cuerpos de emergencia, pero el fallecimiento de Claudia Suyapa Garay confirma que la emergencia tuvo consecuencias irreparables.
Su muerte y la incertidumbre que enfrentan los familiares de los desaparecidos obligan a que la investigación vaya más allá de una evaluación superficial.
No se trata únicamente de retirar los escombros y rehabilitar la circulación en el Anillo Periférico.
Las autoridades deberán esclarecer si la tragedia fue consecuencia exclusiva de un fenómeno natural o si existieron omisiones técnicas, fallas de supervisión o incumplimientos en los permisos de construcción y mitigación.
Los resultados deberán establecer responsabilidades y generar medidas correctivas que impidan la repetición de un hecho similar.
Mientras eso ocurre, las labores de búsqueda continúan bajo una prioridad inmediata: localizar a las personas que todavía permanecen desaparecidas y brindar respuestas a sus familias.
El desastre de Loarque deja una víctima mortal confirmada, trabajadores rescatados y una ciudad obligada a preguntarse si las construcciones levantadas junto a sus laderas cumplen realmente con las condiciones necesarias para proteger la vida.
















