Tegucigalpa, Honduras. – El jefe de la bancada del Partido Libertad y Refundación, Rafael Sarmiento, reconoció que la confrontación constante con medios de comunicación e iglesias, las posiciones radicales de líderes, las posturas de choque de colectivos y la relación con China fueron factores que llevaron al oficialismo a ocupar un tercer lugar en las elecciones del 30 de noviembre, muy distante del bipartidismo Liberal-Nacional.
En amplias declaraciones a radio HRN, el diputado reelecto por Olancho hizo una autocrítica sin precedentes, afirmando que «Libre no puede ser un partido que esté en contra de todo y a favor de nada» y que los colectivos no pueden ser «sólo para choques o quemar llantas», exigiendo transformación profunda del proyecto político del oficialismo.
Sarmiento reveló que en reunión del martes entre los 35 diputados electos de Libre y el coordinador Manuel Zelaya se determinó dejar que sean liberales y nacionalistas los que definan la próxima junta directiva del Congreso Nacional, renunciando así a disputar la presidencia legislativa que ocupó Luis Redondo durante el mandato de Xiomara Castro.
«Se determinó hacer oposición constructiva e inteligente y acompañar todo lo que beneficie al pueblo hondureño y al país. El pueblo votó para que Libre fuera oposición«, declaró el legislador, aceptando el veredicto electoral que redujo a Libre de partido mayoritario a tercera fuerza política del Congreso Nacional.
El congresista propuso a la coordinación de Libre designar un interlocutor en la Cámara Legislativa que conduzca la bancada, dé lineamientos políticos y atienda a medios de comunicación, sugiriendo que el partido careció de vocería articulada durante la administración Castro que explicara políticas y defendiera gestión gubernamental.
Sarmiento abogó por un proceso de renovación y reestructuración en Libre, escuchando a las bases sobre causas de la «estrepitosa caída» en comicios generales, rechazando atribuir la derrota a un solo factor: «Hay que tener la gallardía de asumir nuestras culpas, las responsabilidades y entender cómo piensa el pueblo hondureño».
Sobre los colectivos de Libre, el diputado exigió replantear si son solo «grupos de choque» para quemar llantas o si deben ser organizaciones que desarrollen comunidades y hagan labor social: «El colectivo son gente honrada, pensante, que piensa en la comunidad, que piensa en su ciudad y sus municipios», demandando transformación de estructuras territoriales del partido.
El legislador advirtió que «el pueblo no acompaña los radicalismos», ni de izquierda ni de derecha, señalando que Honduras «ocupa más moderación, más diálogo y unidad» fundamentalmente en la familia hondureña, reconociendo que posturas extremas de líderes de Libre alienaron al electorado centrista que tradicionalmente alterna entre Liberal y Nacional.
Sarmiento identificó la ruptura de unidad partidaria después de las primarias del 9 de marzo como factor crítico: «Hubo muchas heridas que no se pudieron sanar» y provocó que mucha gente se desmovilizara, reconociendo que conflictos internos entre facciones de Libre debilitaron capacidad de movilización electoral en comicios generales de noviembre.
El diputado enfatizó que «el Partido Libre es mucho más grande que un movimiento», en clara alusión al M-28 que maneja la familia presidencial (Castro y Zelaya), reclamando espacio para sectores del partido que no pertenecen al círculo íntimo del poder y que fueron marginados durante la administración.
Sobre las críticas de Amable de Jesús Hernández a diputados electos de Libre que supuestamente negociaron con otros partidos, Sarmiento respondió que lo toma como «reacción de un padre dolido» porque su hijo no fue reelecto en Santa Bárbara, minimizando así cuestionamientos sobre lealtad de legisladores del oficialismo.
En el plano religioso, el legislador reconoció que Honduras es país «profundamente cristiano» con sociedad religiosa católica o evangélica: «En Libre también creemos en Dios», pero admitió que se utilizaron «ciertas frases o posicionamientos de ciertos líderes» que se tergiversaron y condujeron a confrontación con sectores de la iglesia, olvidando que «el libro que más se lee en Honduras es la Biblia».
Sobre el rompimiento con Taiwán para establecer relaciones con China, Sarmiento admitió que «esa decisión sí tuvo un costo político» que el gobierno ya asumió, aunque defendió que es avance tener relaciones con «potencia económica», advirtiendo necesidad de balance comercial más adecuado en lugar de solo importar productos chinos.
El diputado reconoció que el principal socio comercial de Honduras es Estados Unidos, por lo que es «fundamental cuidar esa relación», implícitamente criticando deterioro de vínculos bilaterales durante administración Castro que generó tensiones con Washington y advertencias de «severas consecuencias» por intentos de revertir resultados electorales.
Sarmiento confesó que hubo «mucha confrontación de inicio con algunos medios corporativos» que pasó factura, y que «gran parte de la obra social de este gobierno, de la obra cultural, no se pudo dar a conocer» porque el oficialismo «no tuvimos la capacidad institucional» de comunicar logros de manera efectiva.
El jefe de bancada propuso que Libre necesita «buena estrategia comunicacional» y continuar en organización y formación política ideológica para entender realidad del país, reconociendo que el partido gobernó sin construir narrativa coherente sobre políticas públicas ni defender gestión ante críticas de oposición y medios.
La autocrítica de Sarmiento representa el análisis más profundo y honesto de un líder de Libre sobre causas de la debacle electoral, contrastando con intentos del oficialismo de culpar a «injerencia externa», Trump, o supuestas irregularidades electorales, y asumiendo responsabilidades por confrontación innecesaria con iglesias, medios, Estados Unidos y sectores moderados del electorado.
El reconocimiento de que «el pueblo votó para que Libre fuera oposición» representa aceptación del veredicto electoral sin pretextos, marcando diferencia con la estrategia de Castro y Redondo que mediante decreto 58-2025 intentan desconocer resultados electorales y revertir victoria de Nasry Asfura, negándose a aceptar que el electorado rechazó el proyecto del oficialismo.




