Tegucigalpa – La polémica designación de Nelson Licona como nuevo coordinador del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) ha abierto un debate interno incluso dentro del oficialismo. El diputado de Libertad y Refundación (Libre), Jari Dixon Herrera, afirmó que Licona enfrenta “el gran reto de regresar al CNA a su verdadera función de combate genuino a la corrupción”.
Herrera, exfiscal del Ministerio Público, no dudó en señalar que el organismo “se ha contaminado en los últimos tiempos por la política electorera”. A su juicio, el CNA —que en el pasado gozó de “un alto nivel de credibilidad”— terminó inclinándose “más hacia una línea política que a otra”, erosionando su imagen como ente imparcial.
La salida de Juan Carlos Sikaffy y la llegada de Licona han generado reacciones encontradas. Mientras el oficialismo defiende que con su nombramiento “volverá” el combate a la corrupción sin distinción de partidos, sectores de la sociedad civil y la oposición cuestionan si el nuevo coordinador podrá romper con los lastres del pasado reciente.
“No se trata de quién esté en el poder, sino de que el CNA actúe con independencia real”, insinuó Herrera, al dejar entrever que la institución debe dejar atrás prácticas que la convirtieron, en su opinión, en un instrumento de confrontación política más que de justicia.
Ahora, toda la atención está puesta en los primeros movimientos de Licona: ¿será capaz de restaurar la confianza perdida o profundizará la percepción de parcialidad? Para muchos, su gestión definirá si el CNA vuelve a ser un bastión contra la corrupción… o se consolida como un actor más en la pugna electoral.





