Tegucigalpa – La tensión política hondureña alcanzó un nuevo pico de confrontación después de que el diputado Carlos Umaña, del Partido Salvador de Honduras (PSH), lanzara graves acusaciones de corrupción contra el sistema judicial electoral, utilizando términos particularmente duros para descalificar las instituciones democráticas del país.
«Cuando el puñal es de oro, el juez enmudece y besa el puñal; eso es lo que está sucediendo», declaró Umaña citando al poeta Ortega para denunciar lo que considera «un sistema corrupto, cooptado por el tripartidismo, en el cual se toman decisiones políticas y no basadas en la legalidad».
Las declaraciones del congresista responden a la resolución del Tribunal de Justicia Electoral (TJE) que confirmó este jueves la exclusión del PSH, la Alianza Patriótica de Honduras (APH) y el Partido Naranja (Panah) del proceso electoral de noviembre, al declarar sin lugar sus recursos de apelación por no cumplir con los requisitos de inscripción.
Umaña dirigió acusaciones directas contra los tres magistrados del TJE, asegurando que «responden a los intereses del tripartidismo, que de manera unánime decidió que los partidos emergentes no participaran en el proceso electoral», sugiriendo una conspiración entre las fuerzas políticas tradicionales para mantener el control electoral.
La escalada retórica del diputado alcanzó niveles inusuales cuando calificó como «payasos» a las autoridades electorales. «No hay esperanza para el pueblo hondureño, no hay justicia electoral, no hay justicia en la Corte Suprema, no existe un Consejo Nacional Electoral, existe un payaso. Son payasos sinceramente de la política», expresó con visible indignación.
Las declaraciones de Umaña reflejan la frustración de sectores políticos que consideran que la decisión del TJE cierra el espacio democrático para nuevas fuerzas políticas, consolidando el dominio del sistema tripartidista tradicional en las próximas elecciones generales.
La resolución judicial ha generado un debate sobre si el sistema electoral hondureño favorece efectivamente a los partidos establecidos en detrimento de opciones políticas emergentes, alimentando las críticas sobre la democratización real del proceso electoral del país.




