Tegucigalpa, Honduras. — Una sombra preocupante se cierne sobre la juventud hondureña. El director de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), Rolando Ponce, lanzó este miércoles una alerta urgente sobre una táctica cada vez más común del crimen organizado: el reclutamiento de menores de edad para ejecutar actividades delictivas.
Según el jefe policial, existe una «alta población de menores infractores» que están siendo instrumentalizados por bandas criminales para evadir, en muchos casos, el peso total de la justicia.
Para ilustrar la gravedad de la situación, Ponce citó un caso reciente donde tres menores fueron retenidos tras ingresar a una zona residencial y desmantelar 25 vehículos. Los jóvenes sustrajeron espejos y parabrisas para luego venderlos en los denominados «tópeles» o mercados de piezas robadas.
Este tipo de operativos, según la DPI, no son hechos aislados, sino pruebas claras de cómo las estructuras criminales aprovechan la vulnerabilidad de los adolescentes para alimentar sus redes de comercio ilícito.
Sin embargo, la labor policial se enfrenta a un muro legal. El comisionado lamentó que la legislación vigente en Honduras sea sumamente restrictiva en cuanto a la retención de menores.
«Solo hay dos formas de aprehender a un menor: en flagrancia o con una orden de aprehensión«, criticó Ponce, señalando que estas limitaciones dejan a los cuerpos de seguridad con las manos atadas en muchos escenarios.
En el caso de los vehículos desmantelados, la policía está a la espera de que la Fiscalía emita las órdenes correspondientes para proceder legalmente.
Esta realidad pone de manifiesto la extrema fragilidad de la niñez en el país. Mientras los defensores de derechos humanos coinciden en que los menores son uno de los grupos más vulnerables de la sociedad, el crimen organizado los ve como piezas desechables para sus fechorías.
El llamado de la DPI no solo es a la vigilancia policial, sino a una reflexión profunda sobre la necesidad de reformas legales y programas sociales que rescaten a los jóvenes de las garras de la delincuencia antes de que su futuro quede marcado por el conflicto con la ley.




