Tegucigalpa, Honduras.— Cuando el petróleo sube en el mundo, Honduras siente el golpe en casa. El incremento sostenido en los precios internacionales de los combustibles mantiene en alerta a las economías globales, y el país no es la excepción, apuntó el economista del Foro Social de la Deuda Externa (Fosdeh), Mario Palma.
Para Honduras, la vulnerabilidad es estructural: al depender casi totalmente de la importación de derivados del petróleo, cualquier fluctuación externa se refleja de forma directa en el costo de vida, la producción nacional y la estabilidad macroeconómica.
«Al tratarse de una economía pequeña y fuertemente importadora, Honduras enfrenta un efecto dominó», advirtió Palma, al describir una cadena donde el encarecimiento de los carburantes eleva los costos de transporte, incrementa los gastos empresariales y erosiona el ingreso disponible de los hogares.
El fenómeno, agregó, está generando presiones inflacionarias que impactan directamente el presupuesto familiar, mientras se prevé una desaceleración en la dinámica del comercio mundial que podría limitar el crecimiento económico local. Un escenario que combina incertidumbre externa con desafíos internos.
En el ámbito fiscal, el alza de los combustibles representa otro frente de presión. El gobierno debe equilibrar el impacto de los impuestos y posibles subsidios para evitar un mayor deterioro en la economía, al tiempo que enfrenta un incremento en la factura petrolera nacional, lo que implica una mayor demanda de divisas para sostener las importaciones.
Palma también destacó que este escenario repercute en la balanza comercial, presionada por el aumento del gasto en combustibles, así como en el costo del suministro eléctrico, elevando aún más la carga sobre empresas y consumidores. Una doble pinza que reduce el margen de maniobra tanto del sector privado como del Estado.
Ante este panorama, el economista enfatizó en la necesidad de tomar decisiones tanto a nivel individual como gubernamental. Mientras los ciudadanos ajustan sus hábitos de consumo, se vuelve urgente que el país impulse medidas estructurales de mediano y largo plazo.
Entre ellas, destacó la diversificación de la matriz energética y el aprovechamiento del potencial energético nacional, con el objetivo de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mitigar los efectos de futuras crisis internacionales.
En conclusión, Palma subrayó que el desafío no solo es inmediato, sino estratégico: las autoridades deben definir cómo Honduras enfrentará un entorno global cada vez más volátil en materia energética. Porque al final, más allá de los precios por galón, lo que está en juego es la capacidad del país para proteger su economía sin sacrificar el bienestar de quienes más dependen de políticas públicas sensibles y oportunas.


