Tegucigalpa, Honduras. – El eco de las campañas políticas a menudo ahoga las voces que hablan de las consecuencias reales, de lo que sucede el día después de que se cuentan los votos. Este jueves, esa voz ha resonado con la fuerza de un ultimátum desde el corazón del motor económico del país.
Anabel Gallardo, presidenta del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), ha dejado de lado los eufemismos para advertir lo que, desde su perspectiva, Honduras se juega en las urnas: «la estabilidad económica, la paz social y nuestra posición internacional».
En una declaración que busca sacudir la conciencia ciudadana, Gallardo ha enmarcado la jornada electoral del 30 de noviembre no solo como un deber cívico, sino como una prueba de fuego para la nación.
«Los hondureños tienen la oportunidad de demostrarle al mundo su madurez democrática», afirmó. Pero detrás de esa frase, subyace una profunda preocupación por el rumbo del país.
El mensaje del Cohep es claro: las elecciones no son un juego de colores políticos, sino el mecanismo que definirá el clima de inversión, la confianza de los mercados y la capacidad de Honduras para proyectarse como un socio fiable en el escenario global.
La insistencia de Gallardo en una participación «masiva» no es solo un llamado a la democracia, es una estrategia para legitimar el resultado y, con ello, intentar blindar al país de la incertidumbre que tanto temen los capitales.
«El Cohep está con la ciudadanía», aseguró Gallardo, posicionando a la cúpula empresarial no como un actor político, sino como un guardián de los intereses nacionales que exige un proceso «transparente, pacífico y limpio».
Su ruego final es que se respete el veredicto de las urnas, un clamor que, en el crispado ambiente actual, suena tanto a esperanza como a advertencia.
En el fondo, el llamado de la líder empresarial es un recordatorio de que, mientras los políticos luchan por el poder, la economía del país contiene la respiración, esperando una señal de certidumbre que le permita volver a avanzar.




