Tegucigalpa, Honduras.— La búsqueda de respuestas contra el narcotráfico no puede poner en riesgo la atención médica de los hondureños. Con esta reflexión, el médico anestesiólogo y diputado del Partido Liberal, Carlos Umaña, manifestó su sorpresa ante los operativos que realizan autoridades en hospitales públicos por la supuesta desviación de fentanilo para la elaboración de drogas sintéticas.
Las inspecciones, ejecutadas por la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico (DLCN) del Ministerio Público, parten de sospechas de que este potente analgésico estaría saliendo de hospitales y droguerías para ser utilizado en la fabricación de estupefacientes. Pero para Umaña, quien fue director del departamento de anestesia del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) durante varios años, esa hipótesis no se sostiene frente a la realidad operativa de los centros de salud.
«El fentanilo en los hospitales nacionales no se extravía ni se desvía. Las cantidades que existen son muy limitadas y no representan nada atractivo para el crimen organizado», afirmó el galeno, al describir un sistema de control que, según su experiencia, deja poco margen para irregularidades.
El especialista explicó que tanto los anestesiólogos como los regentes de farmacia hospitalaria y los médicos intensivistas mantienen un control estricto del medicamento. Cada dosis se entrega únicamente para un paciente específico o para procedimientos anestésicos determinados, un protocolo que dificulta cualquier intento de desvío. «Es una droga de uso médico que constituye aproximadamente el 33 % de la anestesia y permite que el paciente no sienta dolor cuando está intubado», detalló Umaña, al recordar que el fentanilo es fundamental en los protocolos médicos actuales.
Para el diputado, buscar un supuesto desvío dentro de los hospitales «no es lo adecuado», pues las cantidades que se manejan son mínimas y estrictamente vigiladas. En todo caso, señaló que, si se quisiera investigar posibles irregularidades, estas tendrían que revisarse en las cadenas de almacenamiento o distribución, aunque insistió en que las compras tampoco son lo suficientemente grandes como para resultar atractivas al narcotráfico.
La advertencia más contundente de Umaña llegó al abordar el riesgo de que estos operativos lleven a restricciones innecesarias. «Espero que no vayan a cometer el error de querer quitar el fentanilo, porque en Honduras no existe un sustituto para poder realizar anestesias ni para el manejo en cuidados intensivos», señaló, en un mensaje que busca proteger el acceso a un medicamento esencial.
Como ejemplo de la precariedad en el abastecimiento, indicó que en el Hospital Regional del Norte apenas se reciben unas 150 ampollas por semana, cantidad que incluso resulta insuficiente para cubrir las cirugías programadas. «Tenemos que hacer malabares para poder completar las dosis indicadas. La máxima cantidad que se entrega al hospital es de 200 ampollas y a la unidad de cuidados intensivos unas 100, para un centro que tiene ocho quirófanos funcionando», explicó, en una descripción que refleja los desafíos diarios del personal médico.
Finalmente, el diputado sugirió que las autoridades antidrogas deberían apoyarse en especialistas para abordar el tema. Recordó que, en el pasado, cuando se creó una comisión para combatir el uso indebido del fentanilo, se involucró a la Asociación Hondureña de Anestesiología para asesorar a las autoridades. «Espero que el nuevo director busque la asesoría de los expertos. No dudo de su capacidad, pero es importante escuchar a quienes manejan este medicamento en el ámbito médico», concluyó.
El llamado de Umaña pone sobre la mesa un equilibrio delicado: combatir el narcotráfico sin comprometer la atención médica. Para el diputado y anestesiólogo, la clave está en el diálogo entre sectores, la evidencia técnica y el reconocimiento de que, en salud, cada decisión tiene consecuencias directas en la vida de las personas. Mientras los operativos continúan, la expectativa es que la investigación avance con rigor, pero sin sacrificar lo esencial: que los hospitales hondureños sigan contando con las herramientas necesarias para aliviar el dolor y salvar vidas.


