Tegucigalpa, Honduras. – Honduras entra a los próximos meses bajo una señal climática de alto riesgo: El Niño ya está consolidado y podría intensificarse hasta convertirse en un evento de intensidad muy fuerte hacia finales de 2026, con efectos que se extenderían hasta bien entrado 2027.
La advertencia fue hecha por el especialista en cambio climático César Quintanilla, quien calificó como “catastrófica” la proyección internacional y advirtió que el país y la región podrían enfrentar “graves problemas” por el impacto del fenómeno en las lluvias, las temperaturas y la producción agrícola.
Según el experto, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) plantea una probabilidad prácticamente total de que El Niño se mantenga hasta febrero de 2027.
El boletín más reciente de la OMM, publicado el 3 de septiembre de 2026, señala que los modelos de predicción muestran una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista durante los períodos de septiembre a noviembre de 2026 y de diciembre de 2026 a febrero de 2027.
La fuerza del evento está asociada al calentamiento excepcional del océano Pacífico tropical. El índice Niño 3.4, utilizado para medir las anomalías de temperatura en esa zona, pasó de +1.5 °C entre mayo y julio a valores semanales de entre +2.2 °C y +2.6 °C a mediados de agosto.
Ese comportamiento, según la OMM, favorece una mayor intensificación del fenómeno durante los próximos meses.
Para Honduras, el escenario representa un desafío adicional en medio de una crisis hídrica que ya golpea a varios municipios, especialmente en el Corredor Seco, donde la falta de lluvias ha afectado cultivos, fuentes de agua y condiciones de seguridad alimentaria.
Quintanilla advirtió que el país debe prepararse para un período marcado por déficit de lluvias, aumento de temperaturas, olas de calor y mayor presión sobre sectores vulnerables como agricultura, agua y salud.
La OMM también pidió fortalecer los sistemas de alerta temprana y las medidas de adaptación, debido a que un evento muy fuerte de El Niño puede alterar los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo.
En Honduras, esa preparación será clave para reducir el impacto sobre las familias que dependen de la agricultura, los municipios con problemas de abastecimiento de agua y las zonas históricamente más expuestas a sequías prolongadas.
Fuente consultada: Organización Meteorológica Mundial.













