Tegucigalpa, Honduras. – El derrumbe ocurrido en el Anillo Periférico, a la altura de la colonia Loarque, habría sido favorecido por una combinación de infiltración prolongada de agua, fracturas en el terreno y posibles deficiencias en el mantenimiento de las obras de drenaje.
Esa es la valoración preliminar del geólogo Maynor Ruiz, especialista del Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra (IHCIT) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), quien señaló que el agua constituye uno de los principales factores que desencadenan los deslizamientos.
El experto explicó que, cuando el agua penetra de forma continua en el suelo, arrastra los materiales finos que ayudan a mantener unidas las rocas. Al perderse esos elementos, disminuye la cohesión interna del terreno y aumenta la posibilidad de que una masa se desprenda.
“Definitivamente el agua es el principal factor de los deslizamientos. Cuando hay filtración se eliminan los elementos finos y las rocas pierden cohesión”, manifestó.
Según Ruiz, el terreno afectado presentaba un talud fracturado. La presencia de agua habría ampliado progresivamente esas grietas hasta debilitar el bloque y permitir que cediera bajo su propio peso.
“En este caso había un talud fracturado y seguramente el agua amplió esas fracturas, provocando que el bloque se rompiera y cediera por efecto de la gravedad”, explicó.
La observación coloca el manejo de las aguas superficiales y subterráneas como uno de los puntos centrales que deberán analizarse para establecer las causas del desastre.
Ruiz sostuvo que los sistemas de drenaje son una de las herramientas más eficaces para reducir la presión del agua dentro de los taludes y disminuir su susceptibilidad a los deslizamientos.
Sin embargo, aclaró que todavía se desconoce cuántas estructuras de drenaje existían en el sector, cuál era su capacidad y en qué condiciones se encontraban antes del colapso.
“Las obras de drenaje son las más eficientes para controlar este tipo de situaciones. No sabemos qué tantas estructuras de drenaje tenía ese talud”, indicó.
El geólogo agregó que, a partir de la observación de imágenes satelitales, existe la posibilidad de que esas obras no recibieran el mantenimiento necesario.
“Por medio de las imágenes satelitales se puede observar que probablemente no recibían un mantenimiento adecuado”, expresó.
La acumulación de agua dentro del terreno incrementa su peso y reduce su resistencia, una combinación especialmente peligrosa en laderas fracturadas o modificadas por construcciones.
Por esa razón, la investigación técnica deberá revisar no solo la composición geológica del área, sino también el estado de los drenajes, el manejo de las aguas lluvias y subterráneas, y las intervenciones realizadas sobre el talud.
Ruiz recordó que el IHCIT lleva varios años estudiando la susceptibilidad a deslizamientos en el Distrito Central y comunicando a las autoridades municipales la existencia de sectores vulnerables.
“Llevamos muchos años trabajando en este tema y hemos señalado a la Alcaldía que existen numerosas áreas vulnerables donde se deben tomar las medidas correspondientes para reducir los riesgos”, afirmó.
El especialista reiteró la necesidad de mantener vigilancia constante, realizar evaluaciones periódicas e implementar acciones preventivas antes de que las condiciones del suelo deriven en nuevas emergencias.
Su análisis refuerza la importancia de que las autoridades determinen si las obras de mitigación instaladas en Loarque eran suficientes, si funcionaban correctamente y si recibieron el mantenimiento requerido.
El derrumbe deja así una advertencia más amplia para Tegucigalpa: la estabilidad de sus laderas no depende únicamente de construir estructuras de contención, sino de garantizar un manejo permanente y eficiente del agua en las zonas de mayor riesgo.













