Tegucigalpa, Honduras. – La posible cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para hondureños en Estados Unidos podría desencadenar una crisis humanitaria con un impacto devastador en la niñez, según advirtió Ricardo Coello, director de proyectos de Casa Alianza. La organización ya registra que, de los más de 6,000 hondureños deportados en lo que va del año, 2,070 son niños y adolescentes.
Coello alertó que una deportación masiva de padres y madres bajo el TPS provocaría una inevitable «ruptura familiar». Los menores se enfrentarían a un dilema desgarrador: ser separados de sus padres o ser desarraigados de Estados Unidos, el único país que muchos conocen.
«Hay un impacto a nivel emocional», explicó Coello, anticipando una ola de necesidades de atención terapéutica para lidiar con el trauma del desarraigo.
El director de Casa Alianza destacó los múltiples desafíos que enfrentarían estos niños y jóvenes al llegar a Honduras:
- Choque Cultural y Lingüístico: «Muchos de los niños nacieron y crecieron allá, hablan inglés y no mucho español», señaló Coello. Esta barrera dificultaría su adaptación social y familiar.
- Vulnerabilidad Social: Al regresar a barrios y colonias que no conocen, los menores quedarían expuestos a mayores riesgos y presiones sociales.
- Desafíos Educativos: El sistema educativo hondureño no está preparado para integrar a estudiantes con métodos de enseñanza y conocimientos del sistema estadounidense. «Esto puede tener un impacto en el rendimiento de estos niños y niñas», advirtió.
Coello también mencionó una posible vía legal para algunos: los hijos nacidos en EE. UU., al cumplir 18 años, podrían solicitar la residencia para sus padres. Sin embargo, esta es una alternativa compleja y no aplicable a la mayoría.
La advertencia de Casa Alianza pone sobre la mesa la necesidad urgente de prepararse para las repercusiones humanas de una decisión migratoria que podría cambiar drásticamente el futuro de miles de familias hondureñas.



