Washington, Estados Unidos. – Funcionarios de la administración del expresidente estadounidense Donald Trump mantuvieron conversaciones con el ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, meses antes y después de la operación estadounidense que derivó en la captura del entonces presidente Nicolás Maduro, informó este viernes la agencia Reuters.
De acuerdo con varias fuentes citadas por Reuters, funcionarios estadounidenses advirtieron a Cabello que no utilizara los aparatos de seguridad bajo su control —incluidos los servicios de inteligencia, la policía y las fuerzas armadas— ni a militantes del partido gobernante para reprimir a la oposición política. Dichas estructuras permanecieron prácticamente intactas tras la redada estadounidense del 3 de enero.
Aunque Cabello figura en la misma acusación por narcotráfico que fue utilizada por Estados Unidos para justificar la captura de Maduro, el ministro venezolano no fue detenido durante la operación. Washington ha ofrecido una recompensa de 25 millones de dólares por información que conduzca a su captura, acusándolo de ser una figura clave del denominado «Cartel de los Soles», señalamientos que Cabello ha negado públicamente.
Según Reuters, las comunicaciones entre la administración Trump y Cabello se iniciaron en los primeros días del mandato presidencial y continuaron en las semanas previas y posteriores a la destitución de Maduro. Los contactos se habrían realizado tanto de forma directa como a través de intermediarios, con el objetivo de evitar un escenario de caos interno en Venezuela.
Fuentes estadounidenses consideran que Cabello posee la capacidad de mantener la estabilidad o desbaratar los planes de transición liderados por la presidenta interina Delcy Rodríguez, a quien Washington ha señalado como pieza central de su estrategia para una Venezuela post-Maduro. Sin embargo, también existe preocupación por el historial represivo del ministro del Interior y su conocida rivalidad política con Rodríguez.
Cabello ha sido durante décadas una de las figuras más poderosas del chavismo. Exmilitar y estrecho colaborador del fallecido expresidente Hugo Chávez, ha ejercido influencia directa sobre los organismos de contrainteligencia y sobre grupos armados progubernamentales conocidos como colectivos.
El exenviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, afirmó a Reuters que muchos venezolanos esperan que Cabello sea eventualmente apartado del poder como parte de una transición democrática. «Si se va, los venezolanos sabrán que el régimen realmente ha comenzado a cambiar», expresó.
Tras la destitución de Maduro, Cabello denunció públicamente la intervención estadounidense y aseguró que «Venezuela no se rendirá». No obstante, Reuters señala que en los últimos días se ha reducido la presencia de retenes y operativos de seguridad, y tanto Washington como el gobierno venezolano han anunciado la liberación progresiva de detenidos considerados presos políticos.
Organizaciones de derechos humanos, sin embargo, advierten que las liberaciones avanzan con lentitud y que cientos de personas continúan detenidas de forma injusta, bajo la supervisión directa del Ministerio del Interior encabezado por Diosdado Cabello.
Las conversaciones secretas entre Washington y Cabello revelan una estrategia estadounidense compleja que reconoce el poder real del ministro del Interior dentro del aparato chavista. Esta diplomacia paralela evidencia que Estados Unidos comprende que la estabilidad de la transición depende tanto de Delcy Rodríguez como de Cabello.
La decisión de no capturar a Cabello durante la operación del 3 de enero, pese a las acusaciones de narcotráfico y la recompensa de 25 millones, sugiere un cálculo político que prioriza la estabilidad sobre la justicia. Esta estrategia busca evitar el colapso de las estructuras de seguridad venezolanas.
El mantenimiento intacto de los aparatos de seguridad bajo control de Cabello representa un riesgo y una oportunidad para Estados Unidos. Mientras garantiza estabilidad a corto plazo, también perpetúa estructuras represivas que podrían obstaculizar una transición democrática genuina.
La rivalidad entre Cabello y Delcy Rodríguez introduce un elemento de incertidumbre en la estrategia estadounidense. Washington debe equilibrar su apoyo a Rodríguez como líder de la transición con la necesidad de mantener a Cabello cooperativo para evitar desestabilización.
Las advertencias estadounidenses contra la represión buscan limitar el uso de la fuerza contra la oposición, pero la efectividad de estas advertencias depende de la voluntad de Cabello de cumplirlas. Su historial represivo genera escepticismo sobre su disposición a cambiar comportamientos.
La reducción de retenes y operativos de seguridad mencionada por Reuters podría indicar que Cabello está respondiendo a las presiones estadounidenses. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos advierten que los cambios son insuficientes y que cientos de personas siguen detenidas.
La liberación progresiva de presos políticos representa un test crucial para evaluar la sinceridad del compromiso de Cabello con las demandas estadounidenses. La lentitud del proceso sugiere resistencia dentro del aparato de seguridad o falta de voluntad política real.
El comentario de Elliott Abrams sobre la necesidad de apartar a Cabello del poder refleja la tensión inherente en la estrategia estadounidense: utilizar a Cabello para mantener estabilidad mientras planifica su eventual remoción como parte de una transición democrática completa.












