Tegucigalpa, Honduras.— Una bomba de tiempo fiscal está a punto de estallar en Honduras. El país se encamina a cerrar el año 2025 con una deuda pública histórica que superará los 18,000 millones de dólares, una cifra que amenaza con hipotecar el futuro de la nación y estrangular su capacidad de inversión en áreas críticas como salud, educación e infraestructura.
La voz de alarma proviene de Amparo Canales, economista y expresidenta del Colegio Hondureño de Economistas (CHE), quien ha desglosado la cruda realidad detrás de los números.
Según su análisis, el proyecto de Presupuesto General para 2026 ya contempla una partida de casi 72,000 millones de lempiras destinada exclusivamente al pago del servicio de la deuda. Este monto representa una porción gigantesca de los recursos del Estado que, en lugar de financiar hospitales, escuelas o proyectos de desarrollo, se destinará a cumplir con los acreedores.
El panorama se torna aún más sombrío ante la inminente acción del Congreso Nacional. Se prevé que la Comisión Permanente, con la facultad de legislar durante el receso parlamentario, apruebe nuevos contratos de préstamo antes de que finalice el año.
Esta decisión, lejos de ser una solución, agravará la crisis, creando un círculo vicioso: más deuda hoy implica mayores pagos mañana.
Este ciclo obliga al Estado a un dilema insostenible: para cubrir el creciente servicio de la deuda, el presupuesto del próximo año deberá expandirse.
Dicha expansión solo puede financiarse de dos maneras, ambas impopulares y económicamente riesgosas: aumentar la recaudación fiscal, lo que supondría una mayor carga para los ciudadanos y las empresas, o contratar aún más deuda, perpetuando el problema.
Mientras los recursos se desvían para pagar intereses, la inversión pública productiva queda relegada, limitando el crecimiento económico y la generación de empleo.
La advertencia de Canales no es solo una proyección económica, sino un llamado de urgencia sobre un modelo de gestión que, de no corregirse, compromete la estabilidad y el bienestar de toda una generación de hondureños.


