Tegucigalpa.- La selección hondureña necesitaba una noche así. Después del tropiezo ante Costa Rica que dejó más dudas que certezas, la «H» encontró en el estadio Chelato Uclés el escenario perfecto para resurgir de sus cenizas y propinar una contundente goleada 3-0 a Haití en la cuarta fecha de las eliminatorias mundialistas de Concacaf.
Desde los primeros compases, Honduras mostró una cara completamente diferente. Más propositiva, enfocada y con la iniciativa que había extrañado su afición. El primer aviso llegó apenas al minuto tres, cuando Joseph Rosales probó fortuna con su zurda, obligando a Johnny Placide a una intervención tempranera.
La «H» había despertado. Al minuto siete, un contragolpe milimétrico demostró las intenciones catrachas: pase filtrado de Rosales que Romell Quioto no alcanzó por centímetros, pero que evidenció el cambio de actitud.
El primer gol llegó como merecido premio al minuto 18. Kervin Arriaga, con esa visión que lo caracteriza, soltó un pase largo perfecto para que Rigoberto Rivas quedara mano a mano ante Placide. El delantero no perdonó: globeado sutil con la derecha que se coló mansamente en la portería haitiana.
Honduras no se conformó con la ventaja mínima. La sed de gol era evidente y al minuto 14, Luis Palma se convirtió en asistidor de lujo para Anthony «Choco» Lozano. El delantero, con esa experiencia que dan los años, soportó la marca del defensor y definió de derecha para ampliar las cifras.
El festival ofensivo continuó en el minuto 39. Nuevamente Arriaga como director de orquesta, habilitando a Andy Nájar que remató con potencia. Placide alcanzó a tocar, pero el rebote quedó servido para Quioto, quien con pura determinación y zurda letal sentenció el 3-0.
El complemento fue de administración. Honduras, consciente de su ventaja, bajó revoluciones mientras Haití se lanzó desesperadamente al ataque buscando el descuento. Los caribeños presionaron, especialmente tras la jugada del minuto 53 donde Getsel Montes cabeceó al área pero Placide salvó sobre la línea.
Edrick Menjívar, guardián hondureño, vivió una noche plácida, pocas veces exigido ante un Haití que nunca encontró los caminos para vulnerar la defensa catratcha.
En los minutos finales, José Mario Pinto estuvo cerca del cuarto con un remate cruzado que se fue por centímetros, poniendo la guinda a una noche en la que Honduras recuperó la sonrisa y la esperanza mundialista.
La «H» volvió a ser la «H». Al menos por esta noche mágica en Tegucigalpa.













