Tegucigalpa, Honduras.— Mientras el termómetro marca hasta 40 grados en el sur del país y la sensación térmica rebasa los 46 grados en San Pedro Sula, Honduras se alista para afrontar una sequía histórica que pone en jaque no solo las cosechas, sino también la salud de la población.
La combinación de incendios forestales y otros contaminantes ha generado una densa capa de humo sobre las principales ciudades, reduciendo la calidad del aire y elevando la preocupación de autoridades y ciudadanos.
El desafío, sin embargo, trasciende el calor inmediato. La transición de La Niña a El Niño, prevista para junio, anticipa un período prolongado de escasez hídrica que ya mantiene en alerta al Gobierno y a la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Aunque el Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos) proyecta algunas lluvias, estas resultan insuficientes para garantizar una cosecha estable o evitar los racionamientos de agua que ya operan en varias ciudades.
Honduras, reconocido como el tercer país más vulnerable del mundo frente a fenómenos climáticos, ve cómo la sequía anunciada amenaza la producción agrícola, la disponibilidad de agua potable y la estabilidad económica nacional.
Gobierno moviliza recursos históricos
Ante este panorama, el Ejecutivo ha iniciado preparativos para enfrentar la emergencia. El ministro de Finanzas, Emilio Hércules, anunció el 28 de abril una inversión de 44 mil millones de lempiras destinada a mitigar los efectos de la sequía. De este monto, 14 mil millones provendrán de recursos internos y hasta 30 mil millones de financiamiento internacional.
El foco principal recae en el sector agroalimentario: garantizar semilla, financiamiento a productores y apoyo directo a campesinos para sostener la actividad productiva. «Se están sosteniendo reuniones al más alto nivel para garantizar semilla y financiamiento a los productores», afirmó Hércules, subrayando el respaldo gubernamental al agro mientras se consolidan mecanismos de financiamiento nacional e internacional.
Presión sobre el sistema eléctrico
Las altas temperaturas ya impactan directamente el consumo de energía eléctrica. Según advirtió Alex Godoy, directivo del sindicato de trabajadores de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), la demanda ha alcanzado cifras cercanas a los 1,994 megavatios, con picos que superan los 2,000 megavatios, un comportamiento inusual impulsado por el uso intensivo de aires acondicionados, especialmente en la zona norte.
Godoy proyecta que en los próximos 15 a 18 días la demanda podría ascender hasta los 2,225 megavatios diarios, lo que incrementa el riesgo de interrupciones en el servicio. Los períodos de mayor presión para el sistema eléctrico se registran entre las 10:00 de la mañana y el mediodía, así como entre las 4:00 p.m. y las 7:00 p.m.
Subsidios para proteger el bolsillo familiar
En respuesta a este contexto, el Gobierno confirmó la continuidad de los subsidios a la energía eléctrica, los combustibles y el gas licuado de petróleo (GLP). La administración Asfura mantendrá la cobertura del 50 % del incremento en los precios internacionales de la gasolina regular y el diésel, medida vigente del 1 de mayo al 2 de agosto de 2026.
Adicionalmente, se preservará el subsidio del 100 % en la factura eléctrica para hogares con consumos entre 1 y 150 kWh, priorizando a familias en condición de pobreza. En cuanto al GLP, el Ejecutivo aseguró un respaldo con ajustes graduales, vigente hasta el 31 de diciembre de 2026, para evitar cambios bruscos en los precios.
Bosques en «agonía»: una alerta a largo plazo
Más allá de la coyuntura, un estudio de la serie Estado de País 2026, presentado por el Instituto de la Justicia de la Asociación para una Sociedad Más Justa (ASJ), lanzó una advertencia severa: los bosques de Honduras se encuentran en «agonía» y podrían desaparecer en 71 años si no se actúa con urgencia.
El país ha perdido aproximadamente 900 mil hectáreas de bosque en los últimos 11 años. Ante este escenario, la ASJ hizo un llamado a priorizar la agenda climática mediante reformas legales profundas y una gestión transparente de los recursos destinados a la protección ambiental.
Con planes en marcha a nivel nacional e internacional, Honduras busca convertir la alerta en acción concreta. El tiempo dirá si estas medidas logran blindar las cosechas y aliviar el impacto en los bolsillos de los hondureños frente a un clima que, según todas las proyecciones, seguirá exigiendo respuestas cada vez más urgentes.





