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Honduras urge de una política exterior eficiente

Fredal Rodríguez
Licenciado en Periodismo, CPH 1034
Catedrático Universitario

En círculos populares diplomáticos, hay frases que se rumoran a voces,” del mismo modo en que manejas el discurso de tu gobernante, de esa misma forma será tratado tu país a nivel mundial en el servicio exterior”.

Y son muchas las decepciones que tenemos con los representantes de Honduras en los cargos de cónsules y embajadores. Su empirismo es de bochorno al ignorar los mecanismos claves en el desarrollo de sus funciones en la estructura del servicio exterior. En las últimas décadas nuestro país a aprovechado esta oportunidad como rellenos de gabinete y favores políticos.

El cónsul o embajador debe tener claro, que él o ella, es un representante de los intereses de su país en el extranjero, actuando como difusor y enlace político, cultural y de negocios, protegiendo a sus conciudadanos, a la vez expandiendo sus relaciones bilaterales y que requiere de responsabilidad y conocimiento en el área.

Dentro de los conocimientos básicos que debe reunir un representante en el servicio exterior destacan: los derechos humanos, como un legado de respeto a la dignidad personal de los individuos. Cada país goza de tratados, convenios y leyes, las que difieren de cada región.

El manejo de idiomas suma al perfil del diplomático. En la medida de las posibilidades debe rodearse de un equipo de apoyo en: comunicaciones, finanzas y seguridad. No se puede improvisar con representantes egocentristas o perturbados mentales. La patria está en sus manos en cuanto a imagen. Se debe tener conocimientos de etiqueta, arte y cultura, negocios y desde luego saber sobresalir en aspectos de nuevas oportunidades para el país.

El diplomático, ya sea cónsul o embajador debe ser seleccionado por un grupo de notables, ya que se convertirá en líder de una misión. Su labor es de estratega y sus múltiples ocupaciones radicarán en las relaciones públicas de forma internacional. La mayoría con carencias de visión y conocimiento buscan ayuda a los expertos que han ocupado esos puestos en administraciones pasadas y logran al menos el remedo.

Hay libros claves que destacan la labor del representante del servicio en el exterior entre los que figuran: “Diplomacia” de Henry Kissinger, hace un embozo de la historia y responsabilidad del ejercicio. Adicionalmente Manuel Morales Lama con su obra “Diplomacia Contemporánea”, que explica la teoría y la práctica. Sir Ernest Satow y V.P. Potemkin, que sugieren la evolución de una diplomacia en el marco de lo cotidiano y de la evolución. Como un ingrediente de lectura complementaria, estamos obligados a leer, “La diplomacia del engaño” de John Coleman” que vislumbra las repetitivas formas que se dan como traición a la diplomacia.

Siempre se ha juzgado, como un error diplomático el intervenir en asuntos que no tienen que ver su país, exponer declaraciones imprudentes en redes sociales, contrarias a las políticas propias, engañar y no tener profesionalismo.

Honduras se ha atrevido a juzgar políticas externas, reaccionando con proselitismo político, intervenciones de descredito y recomendaciones fuera del contexto de la labor diplomática. La historia juzga este tipo de determinaciones, que a nivel mundial dejan ver la improvisación de un país tercermundista, ignorante de las limitantes del ejercicio que prolonga las democracias.


Las opiniones expresadas de los “columnistas” en los artículos de opinión, son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente reflejan la línea editorial de Diario El Mundo.

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