Nueva York. – El mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó este martes un mensaje directo al Gobierno de Daniel Ortega durante su intervención en la Asamblea General de Naciones Unidas, al advertir que Nicaragua «no resolverá sus problemas impidiendo a la oposición que se presente a elecciones».
El señalamiento se produce en un contexto de progresivo deterioro de las garantías democráticas en el país centroamericano, donde la oposición ha sido sistemáticamente proscrita de los procesos electorales desde los comicios de 2021. Las relaciones entre Brasil y Nicaragua se han visto fuertemente enfriadas y reducidas a mínimos, con las respectivas embajadas funcionando actualmente a través de encargados.
En su discurso, Lula también hizo referencia a «la división del mundo en zonas de influencias» y las «investidas neocoloniales por recursos estratégicos», fenómenos que, según el mandatario, «constituyen gestos anacrónicos».
Sobre Venezuela, Lula sostuvo que el pueblo venezolano «merece definir su propio destino», en alusión al tutelaje que ha asumido el Gobierno de Donald Trump desde la operación militar realizada por Estados Unidos el 3 de enero en Caracas, que culminó con la captura del líder chavista Nicolás Maduro.
El propio Trump, que ha celebrado el grado de colaboración de la presidenta interina Delcy Rodríguez con Washington —en especial por la firma del acuerdo mediante el cual Venezuela cedió parte de sus reservas petroleras a Estados Unidos—, ha afirmado recientemente que el país sudamericano todavía no está preparado para celebrar elecciones.
Desde entonces, el Gobierno venezolano ha dado pasos hacia una mayor apertura política, entre ellos la instalación de mesas de diálogo con sectores de la oposición y la liberación de presos políticos, aunque hasta el momento no ha planteado un calendario electoral.
Lula instó además a la comunidad internacional a responder ante el drama humanitario en Haití, al señalar que existen «límites a la indiferencia». También condenó las sanciones y el bloqueo económico contra Cuba, calificando estas medidas como un «castigo colectivo impuesto a 10 millones de personas por un embargo económico y un cerco energético ilegal».
Las relaciones entre La Habana y Washington atraviesan su momento de mayor tensión en décadas, en medio de una profunda crisis interna en la isla y de una política de máxima presión por parte de Estados Unidos para que Cuba introduzca cambios económicos y políticos de fondo. Washington aplica desde enero un bloqueo petrolero a la isla, calificado por la ONU como contrario al derecho internacional, además de una nueva batería de sanciones secundarias desde mayo pasado que han agudizado la crisis económica y energética del país caribeño.













