Tegucigalpa, Honduras. – La recuperación de la industria maquiladora hondureña sigue siendo una promesa en construcción, marcada por anuncios de nuevas inversiones, cierres recientes de empresas y decenas de miles de empleos perdidos entre 2025 y 2026.
Mientras el Gobierno del presidente Nasry Asfura sostiene que existen proyectos capaces de generar miles de nuevas plazas laborales, sindicatos, empresarios y economistas advierten que el país aún no logra reponerse de una crisis profunda que golpeó uno de los principales motores del empleo formal en Honduras.
Los anuncios oficiales apuntan a una posible nueva etapa para el sector.
El ministro de Desarrollo Económico, Eddy Ordóñez, informó que una empresa textil evalúa trasladar a Honduras una planta que inicialmente sería instalada en El Salvador, decisión que dependería de la solución de varios obstáculos administrativos y regulatorios.
Según el funcionario, el Gobierno resolvió nueve de los diez requerimientos planteados por la compañía, lo que abriría la posibilidad de generar más de 4,000 empleos directos.
Ordóñez también aseguró que la Secretaría de Desarrollo Económico ha agilizado trámites que permanecían detenidos desde hace varios años, permitiendo proteger más de 120,000 empleos vinculados a industrias que dependen de autorizaciones estatales.
Además, afirmó que esas gestiones facilitaron inversiones superiores a los 25 millones de dólares que estaban en espera.
La administración de Asfura también ha buscado transmitir un mensaje de confianza hacia los inversionistas.
Tras el anuncio del cierre de la planta Gildan en Choloma, el mandatario sostuvo que la decisión obedecía a una reorganización logística y no a un retiro definitivo de la empresa del país.
Incluso afirmó haber conversado con representantes de la compañía, quienes le habrían comunicado que preparan una nueva inversión para ampliar operaciones en Honduras, pese al cierre de una de sus plantas.
Asfura agregó que, durante reuniones con inversionistas internacionales en Estados Unidos, identificó interés por desarrollar proyectos en el área de maquila, aunque no precisó montos ni plazos para su ejecución.
A ese discurso se suma el ministro de Inversiones, Epaminondas Marinakys, quien sostiene que el reto no consiste únicamente en atraer nuevas empresas, sino en crear condiciones que permitan a Honduras competir con otros destinos de la región.
El funcionario afirmó que el país debe ofrecer energía de calidad, precios competitivos, reglas claras y un ambiente de confianza para inversionistas nacionales y extranjeros.
“Estamos mandando mensajes positivos donde los inversionistas tengan confianza en nosotros”, expresó Marinakys, al asegurar que la estrategia gubernamental busca impulsar inversiones “de alto impacto” que generen “empleo digno” para los hondureños.
Desde el sector privado, el presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC), Karim Qubain, confirmó que varias empresas extranjeras mantienen negociaciones para instalar operaciones en la zona norte del país, aunque evitó revelar sus nombres.
Sin embargo, frente a esos anuncios, las cifras de pérdida laboral muestran una realidad más compleja.
De acuerdo con Guillermo Matamoros, representante del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), Honduras cerró 2025 con una reducción de aproximadamente 40,000 empleos en la maquila, al pasar de 185,000 trabajadores a apenas 145,000.
Esa caída respondió tanto al cierre definitivo de empresas como a la clausura parcial de plantas que redujeron su capacidad de producción.
Para la Central General de Trabajadores (CGT), la dimensión de la crisis es todavía mayor.
Su coordinadora del Proyecto Maquila, Evangelina Argueta, calcula que en los últimos dos años se han perdido alrededor de 60,000 puestos de trabajo tras el cierre de 18 empresas, ocho de ellas con presencia sindical dentro de la organización.
La dirigente considera que el impacto representa una verdadera catástrofe para el empleo nacional, ya que, según sus estimaciones, cerca de la mitad de la industria maquiladora resultó afectada durante ese período.
El contraste es evidente: mientras el Gobierno habla de inversiones que podrían generar alrededor de 4,000 empleos y asegura haber protegido más de 120,000 plazas existentes, los sindicatos recuerdan que la industria todavía intenta recuperar decenas de miles de puestos perdidos.
Aunque el cierre de maquilas suele atribuirse a decisiones empresariales, economistas y representantes del sector coinciden en que la crisis responde a una combinación de factores externos e internos.
El jefe del Departamento de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Henry Rodríguez, advirtió que el arancel del 10 % aplicado por Estados Unidos a productos hondureños tiene efectos directos sobre la actividad maquiladora.
Para el economista, es indispensable proteger a las empresas que todavía permanecen operando y monitorear el comportamiento del comercio exterior bajo el nuevo esquema arancelario.
Matamoros comparte ese diagnóstico y sostiene que la caída de la demanda internacional, especialmente en Estados Unidos, modificó las cadenas de suministro después de la pandemia y afectó directamente la producción nacional.
Desde la Asociación Hondureña de Maquiladores (AHM), Jesús Canahuati considera que la recuperación dependerá en buena medida de la competitividad que logre Honduras frente a otros países productores.
El empresario plantea que el país debe aspirar a un arancel del cero por ciento para sus exportaciones hacia Estados Unidos, similar al que posee México, mientras los países asiáticos enfrenten gravámenes superiores que permitan equilibrar la competencia internacional.
Canahuati sostuvo que Honduras posee ventajas importantes, como la cercanía con el mercado estadounidense y la ausencia de señalamientos por trabajo forzoso, aunque advirtió sobre el aumento de los costos logísticos y la incertidumbre geopolítica.
Desde el sector sindical, el optimismo oficial todavía no se siente en los hogares de miles de trabajadores.
El representante de la Confederación Unitaria de Trabajadores de Honduras (CUTH) en la zona norte, Armando Villatoro, sostiene que alrededor del 40 % de las maquilas han cesado operaciones en el país.
Según explicó, en municipios como Choloma, Villanueva y San Manuel existen parques industriales donde antes operaban entre 20 y 30 maquilas, pero hoy apenas permanecen dos o tres.
“Se fue la maquila o se está yendo la maquila, realmente, y no se ha vuelto a traer ninguna clase de inversión”, manifestó.
Argueta reconoció algunos signos positivos, entre ellos la recuperación de alrededor de 2,000 empleos en los últimos meses y la reactivación de contrataciones en algunas empresas.
No obstante, aseguró que las organizaciones sindicales todavía no reciben información oficial sobre las inversiones anunciadas por el Gobierno.
También recordó que existe una gran cantidad de mano de obra desocupada que necesita reincorporarse cuanto antes al mercado laboral.
“Es importante acelerar el diálogo con todos los sectores para ver cómo esta mano de obra se recupera lo más pronto posible”, expresó.
La industria maquiladora hondureña se mueve así entre dos realidades.
Por un lado, el Gobierno insiste en que Honduras construye un entorno más competitivo, con mejoras regulatorias, negociaciones en marcha y proyectos capaces de abrir nuevas plazas laborales.
Por otro, sindicatos, empresarios y economistas coinciden en que la recuperación todavía enfrenta un camino largo, condicionado por la pérdida acumulada de empleos, el cierre de empresas, la lenta reincorporación de trabajadores, los costos energéticos, la demanda internacional y las condiciones de competencia regional.
El sector espera que las promesas se conviertan en puestos de trabajo suficientes para devolver a la maquila el papel que históricamente ha desempeñado como uno de los mayores generadores de empleo formal en Honduras.
Mientras tanto, la recuperación sigue siendo una expectativa pendiente para miles de familias que dependen de esta industria.












