Marlon Ochoa paraliza el CNE con ausencias consecutivas para boicotear elecciones de noviembre

Analistas advierten que Honduras tiene solo nueve días de retraso en procesos críticos que debían estar listos desde el 30 de junio, mientras el boicot de Marlon Ochoa, el sabotaje interno del CNE y la escalada de violencia política amenazan con colapsar las elecciones del 30 de noviembre.

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Tegucigalpa – La democracia hondureña enfrenta su momento más crítico en años, con múltiples crisis convergiendo simultáneamente para amenazar la viabilidad de las elecciones generales de noviembre. Lo que comenzó como disputas internas en el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha evolucionado hacia una crisis sistémica que involucra sabotaje institucional, violencia política y el colapso progresivo del cronograma electoral más importante del país.

El analista Luis León alertó que la actual crisis política «pone en pausa» los procesos del CNE, revelando que «el 30 de junio ya deberían estar contratados los sistemas», lo que significa que Honduras acumula un retraso de nueve días que tendrá impacto directo en el cronograma electoral.

«No sólo es el sistema de transmisión y los lectores biométricos, así como las empresas que proveerán el servicio de internet o la auditoría que también es fundamental, es todo el proceso que se detiene», advirtió León.

La parálisis del órgano electoral responde a una estrategia coordinada desde múltiples frentes que está demostrando ser efectiva para desestabilizar el proceso democrático. El consejero Marlon Ochoa reafirmó este miércoles que no asistirá a la sesión de pleno convocada para este jueves a las 6:00 de la tarde, argumentando que «lo que está convocado es un intento más de consolidar el delito electoral». Esta será su cuarta ausencia consecutiva, paralizando decisiones críticas del órgano.

La presidenta del CNE, Cossette López, se vio obligada a convocar como alternativa al consejero suplente Carlos Enrique Cardona Hernández, en un reconocimiento implícito de que Ochoa ha convertido su boicot en una estrategia permanente. López detalló que Ochoa «no atendió las convocatorias a reunión de pleno del lunes, martes y este miércoles, para abordar importantes procesos del cronograma electoral».

Consejeras CNE

Paralelamente, López denunció la existencia de sabotaje sistemático desde el interior del CNE, donde «el personal contratado por el consejero Ochoa intenta impedir el normal funcionamiento de las actividades del ente electoral». La estrategia de resistencia interna es sofisticada: los empleados «llegan a las instalaciones del órgano electoral, apenas marcan su tarjeta de asistencia, pero no ejercen sus labores», creando una apariencia de normalidad mientras paralizan operaciones críticas.

El impacto de esta crisis múltiple se evidencia en la paralización de seis procesos fundamentales del cronograma electoral. León identificó específicamente el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), lectores biométricos, auditoría al proceso electoral, hardware electoral, impresión de papeletas y contratación de transporte para material electoral como los procesos más afectados por la crisis.

Consejeras y Marlon Ochoa 1 1

La escalada de violencia política agregó una nueva dimensión al caos institucional. El Congreso Nacional se convirtió en escenario de agresiones cuando colectivos del partido Libertad y Refundación atacaron físicamente a la candidata a diputada liberal Saraí Espinal, seguido por la interrupción violenta de la comparecencia de las consejeras López y Hall.

Durante estos incidentes, Ochoa permaneció en el hemiciclo «haciendo su exposición con una retahíla de ataques a Hall y López, a ésta última incluso usando señalamientos fuera de tono que mostraron bajeza y violencia política, así como de género».

La respuesta de la presidenta Xiomara Castro a estos ataques generó mayor controversia cuando se «carcajeó de la agresión que recibieron López y Hall», calificando los eventos como «un show» entre risas. Esta reacción contrastó dramáticamente con el repudio «casi unánime» de diversos representantes de la sociedad, evidenciando el aislamiento institucional del gobierno ante la crisis democrática.

El representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Honduras, Richard Barathe, intervino para hacer un llamado urgente a los actores políticos a «asumir su responsabilidad en la construcción de un proceso electoral confiable». Barathe subrayó que «el desafío es buscar espacios para que esta clase política asuma esa plena responsabilidad de darle a la ciudadanía hondureña un proceso electoral en el que pueda confiar».

León advirtió sobre los riesgos de la improvisación electoral, alertando que «ese escenario sólo favorece a los que le apuestan a procesos electorales que no son bien ejecutados, que no son transparentes y sobre todo los que quieren que no se respete la voluntad del pueblo».

El analista lamentó que «el CNE replique la crisis política que arrastra el país», especialmente considerando que «después de invertir 2 mil millones en primarias y vamos a invertir 1 mil 700 millones en las generales, deberíamos aspirar a que por lo menos funcione la institucionalidad sin conflictos partidarios innecesarios».

Edmundo Orellana CICIH

El exfiscal general Edmundo Orellana amplió la perspectiva de responsabilidad, apuntando directamente a «los candidatos presidenciales como los responsables de la crisis política que vive Honduras». En un mensaje contundente, Orellana cuestionó: «si quien presida el próximo gobierno, en lugar del diálogo, prefiere el caos y la violencia», sugiriendo que la crisis actual es un presagio del tipo de liderazgo que podría emerger de estas elecciones.

La convergencia de estas crisis múltiples—boicot institucional, sabotaje interno, violencia política y parálisis del cronograma—está creando una tormenta perfecta que amenaza no solo la celebración de elecciones creíbles en noviembre, sino la credibilidad misma del sistema democrático hondureño.

Con solo cuatro meses restantes hasta los comicios, cada día de retraso multiplica exponencialmente los riesgos de un colapso electoral que podría sumergir al país en una crisis democrática sin precedentes.

La presión ahora recae sobre las instituciones que aún mantienen credibilidad democrática para intervenir antes de que el punto de no retorno se haga irreversible, mientras Honduras observa con creciente ansiedad si sus elecciones de noviembre serán viables o si el país se encamina hacia un escenario de crisis institucional prolongada.

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