Nueva York, EE. UU. – El sistema judicial estadounidense está a punto de dictar sentencia en uno de los casos más emblemáticos que conectan la política hondureña con el crimen organizado. Este jueves, el exdiputado liberal Midence Oquelí Martínez Turcios conocerá su condena en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, un veredicto que podría estremecer nuevamente las estructuras de poder en Honduras.
Aunque Martínez Turcios admitió en diciembre de 2024 su culpabilidad en el cargo de conspiración para importar cocaína a Estados Unidos, su caso es mucho más oscuro. La Fiscalía neoyorquina ha solicitado una pena de 30 años de prisión, argumentando que el exdiputado por el departamento de Colón (2010-2018) fue mucho más que un simple colaborador del narcotráfico.
Según los fiscales, Martínez Turcios era un engranaje fundamental en la maquinaria del cartel de «Los Cachiros». Se le acusa de haber utilizado su experiencia militar y su investidura política para garantizar la impunidad del cartel, recibiendo al menos un millón de dólares entre 2004 y 2014.
Su rol incluía dirigir operaciones con hombres fuertemente armados para movilizar cargamentos de droga desde Venezuela y Colombia hacia Guatemala, en su ruta hacia Estados Unidos.
Además, la fiscalía lo señala como un socio testaferro en la empresa «Ganaderos», sancionada por la OFAC, a través de la cual se gestionaron créditos millonarios para lavar dinero del narcotráfico.
La sombra de la violencia y los asesinatos
Más allá del narcotráfico, las acusaciones más graves que penden sobre Martínez Turcios lo vinculan a una serie de crímenes violentos. La Fiscalía lo señala por su presunta participación en los asesinatos del también diputado Juan Ramón Martínez, del periodista Nahúm Palacios y de otras cuatro personas.
Según las investigaciones, Martínez Turcios habría solicitado directamente a Devis Leonel Rivera Maradiaga, líder de «Los Cachiros», que lo ayudara a asesinar al periodista Nahúm Palacios por haberlo vinculado públicamente con el cartel.
También se le implica en el secuestro y posterior tortura y asesinato de un sicario rival conocido como «Mantequilla» en 2012, un acto en el que habría participado junto a su propio hermano y los líderes del cartel.
Mientras la defensa del exdiputado busca una condena reducida de 12 años, la Fiscalía insiste en una pena severa que refleje la gravedad de sus crímenes. La sentencia de este jueves no solo definirá el futuro de Midence Oquelí, sino que también podría revelar nuevos detalles sobre la profunda infiltración del narcotráfico en la política hondureña.




