Tegucigalpa, Honduras. – La amenaza que Copeco lanzó esta semana sobre el impacto del Fenómeno El Niño en las cosechas hondureñas encontró eco este viernes en las palabras del productor de arroz Ramón Rodríguez, quien fue más allá de la advertencia técnica para describir la realidad que viven miles de agricultores en Olancho y El Paraíso: están considerando seriamente no sembrar este año, en una decisión que de materializarse podría traducirse en una crisis de seguridad alimentaria que Honduras todavía no está preparada para enfrentar.
«No estamos preparados para emprender la siembra de primavera porque no contamos con un financiamiento oportuno, no tenemos acceso a un seguro agrícola y tenemos el fenómeno de El Niño prácticamente cerca», afirmó Rodríguez, en una declaración que resume la triple vulnerabilidad que enfrenta el sector agrícola hondureño antes de que llegue la primera gota de lluvia: sin dinero para sembrar, sin seguro que cubra las pérdidas y con un clima que promete ser más adverso que el año pasado.
El dirigente no quiso ocultar la gravedad de la situación pese a sus propias reservas: «Todos los productores de Olancho y El Paraíso están considerando no sembrar. No me gusta mandar mensajes negativos, pero es la realidad que estamos pasando», expresó, describiendo un ambiente de desánimo en dos de los departamentos que concentran la mayor parte de la producción nacional de maíz y frijol.
En El Paraíso se cultivan unas 20 mil manzanas de maíz y 11 mil de frijol, una superficie productiva que si queda ociosa por decisión de los agricultores tendría consecuencias directas sobre la disponibilidad y el precio de los granos básicos en los mercados hondureños.
El decreto que puede cambiar el panorama
La única salida que el sector visualiza pasa por el Congreso Nacional: los productores esperan la aprobación de un decreto que les permitiría acceder a financiamiento y a un seguro agrícola subsidiado en un 80% por el gobierno, un mecanismo que Rodríguez describió como clave para dar a los agricultores la seguridad mínima necesaria para asumir el riesgo de sembrar en un año climáticamente adverso. Sin ese instrumento, la ecuación no cierra para miles de pequeños productores que no pueden permitirse perder una cosecha completa.
Ante la incertidumbre, el productor recomendó priorizar el frijol sobre el maíz en la siembra de primera, dado que el frijol requiere menos agua y tiene mayores posibilidades de sobrevivir una canícula prolongada como la que los modelos meteorológicos proyectan para junio.
Una adaptación práctica que sin embargo no resuelve el problema estructural: Honduras no tiene los sistemas de riego ni las reservas estratégicas que le permitirían absorber el impacto de una mala temporada sin que eso se traduzca en escasez y alza de precios para los consumidores.
El riesgo del frijol nicaragüense
La advertencia más delicada que lanzó Rodríguez apunta a la dependencia que Honduras tiene del mercado nicaragüense para abastecerse de frijol: «El arroz y maíz se puede importar de Estados Unidos sin problema, pero con el frijol hay que tener más cuidado, porque si Nicaragua también resulta afectada por El Niño, no tendrá excedentes para exportar a países como Honduras», advirtió el productor, describiendo un escenario en que dos países vecinos afectados simultáneamente por la misma sequía compiten por el mismo grano sin que ninguno tenga suficiente para cubrir su demanda interna.
La alerta de Rodríguez llega en el mismo momento en que la canasta básica hondureña supera los 16,200 lempiras y la inflación registra el nivel más alto de Centroamérica, en un contexto donde cualquier perturbación en la disponibilidad de granos básicos golpearía directamente a las familias de menores ingresos que destinan la mayor parte de su presupuesto a la alimentación.






