Tegucigalpa, Honduras. – La comunidad científica internacional se mantiene en estado de alerta tras una reciente actualización de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), que elevó al 95 % la probabilidad de que el fenómeno de El Niño alcance una intensidad extrema durante el presente otoño boreal.
El nuevo pronóstico representa un aumento de 14 % en pocas semanas y reduce prácticamente la posibilidad de que el evento se mantenga en una categoría moderada.
De acuerdo con la información difundida, los expertos advierten que el escenario climático apunta hacia un posible “Súper El Niño”, considerado un fenómeno de alto impacto por su capacidad de alterar los patrones atmosféricos a escala global.
El meteorólogo César Quintanilla señaló que este evento no se manifestaría de forma uniforme en todos los territorios, sino con efectos drásticamente distintos según la ubicación geográfica.
En algunas regiones, el principal riesgo será la sequía extrema, con consecuencias directas sobre la agricultura, la disponibilidad de agua y los sistemas de abastecimiento para la población.
En otros sectores, el peligro estaría asociado a lluvias torrenciales, desbordamientos e inundaciones, particularmente en zonas donde la alteración de los patrones atmosféricos incremente la acumulación de humedad y precipitaciones.
Partes de Estados Unidos figuran entre las áreas que podrían enfrentar episodios de lluvias intensas, según la advertencia citada.
Otro de los elementos que eleva la preocupación es la proyección de temperaturas récord.

Los modelos de la NOAA señalan que la transferencia de calor desde el océano hacia la atmósfera podría aumentar la probabilidad de que el próximo año se consolide como uno de los más cálidos jamás registrados.
La situación, según la advertencia, ha dejado de verse únicamente como un pronóstico distante y comienza a perfilarse como un ciclo climático de alta inestabilidad.
Las autoridades climáticas llaman a las poblaciones y gobiernos a prepararse ante un período de elevada peligrosidad, marcado por fenómenos extremos que podrían afectar agua, alimentos, infraestructura, salud pública y seguridad de las comunidades.
El posible “Súper El Niño” vuelve a colocar sobre la mesa la vulnerabilidad de los países frente a eventos climáticos cada vez más intensos, en un contexto donde la prevención, la planificación y la respuesta temprana pueden marcar la diferencia entre una emergencia manejable y una crisis de gran escala.













