Oda a la Nube Cejeña

Por: José Eliécer Palomino Rojas. 

La tarde va declinando, he trabajado hasta el cansancio y… en este atardecer loco y exhausto, observo que suben vapores de agua que, trazan en lo alto la silueta ligera, de la señora nube cejeña, revestida de colores gris plata y de colores naranjas paletas.

El olvido de la trajinada labor cotidiana, en estos atardeceres poseídos, con ruidos de motores y pitos que inundan el tempano de mis oídos, los carros, motos, bicicletas y patinetas, entre mi caminar unas veces pausado, y otras veces acelerado, de mi recorrido por el hermoso paraíso cejeño.

Al mirarte y contemplarte en el cielo, con mis labios secos, como las arenas del desierto, por el polvo que la brisa alza, desde las calles del suelo cejeño…

Te miro, te miro, observo y suspiro, cuando camino, para encontrar alivio en ti, señora nube cejeña…, que silenciosa se extiende y pasa ligera, sobre los muros y techos, del colegio de la gran… María Josefa, en la ruidosa tarde cejeña.

Pero ¡cómo no admirarte!, señora nube cejeña, si con tu hermosa silueta, de colores gris plata y colores naranjas paletas, me permite como transeúnte, que te admire, desde mi humilde existencia.

A ti nube cejeña, que me cobija en mi recorrido urbano, para permitir descansar mi cuerpo, agobiado y humano, te digo, ¡gracias, gracias!, por refrescar mi aliento, y mi corazón, motor de mi existencia.


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