Nueva Masicales, Colón. – La comunidad de Nueva Masicales, en el municipio de Sabá, departamento de Colón, llora este lunes la muerte de Eduar Josimar Velázquez, de apenas seis años, quien falleció tras ser brutalmente atacado por dos perros presuntamente de raza pitbull que deambulaban sueltos por la zona, en una tragedia que pudo haberse evitado y que su padre exige que no quede impune.
El hecho ocurrió a escasos metros de la vivienda del menor, en un trayecto que ningún niño debería temer: Eduar había salido por el portón de su casa para caminar hacia la casa de su abuela cuando los dos animales lo interceptaron en plena vía.
Sus gritos de auxilio alertaron a residentes cercanos que corrieron a socorrerlo y lograron rescatarlo de las fauces de los perros, trasladándolo de emergencia a un centro asistencial. Sin embargo, la gravedad de las heridas superó cualquier esfuerzo médico y horas después se confirmó lo que la comunidad temía: el pequeño había fallecido.
El padre del menor no pudo contener el llanto al exigir que los responsables respondan ante la justicia. «Que se haga justicia, por favor. Que no quede impune», clamó entre sollozos, en un grito que resume el sentimiento de impotencia de una familia que perdió a su hijo de seis años en el trayecto más cotidiano e inofensivo que existe, en un hecho que describe como completamente evitable si los animales hubieran estado bajo el control de su dueño.
La indignación en Nueva Masicales crece con el paso de las horas ante un detalle que agrava aún más la tragedia: hasta el momento, el propietario de los perros involucrados en el ataque no ha sido localizado, intensificando el reclamo colectivo de justicia y responsabilidad en una comunidad que llora en silencio pero que exige con firmeza que este caso no se pierda en la impunidad.
La muerte del pequeño Eduar reabre en Honduras un debate que cada cierto tiempo regresa tras una tragedia similar y que nunca termina de resolverse: la necesidad de normativas más estrictas sobre la tenencia responsable de animales considerados de alto riesgo, la obligación legal de mantenerlos sujetos y controlados en espacios públicos y las consecuencias penales para los dueños que por negligencia permiten que sus mascotas representen un peligro mortal para la población, especialmente para los niños que no tienen forma de defenderse de un ataque de esa magnitud.













