Lima, Perú. – Los peruanos acuden este domingo a las urnas para decidir quién ocupará la Presidencia de la República en los próximos años, en una elección que vuelve a enfrentar dos visiones antagónicas del país y que se desarrolla en medio de un prolongado escenario de crisis política.
La disputa enfrenta a la candidata derechista Keiko Fujimori y al dirigente de izquierda Roberto Sánchez, quienes buscan convertirse en el noveno presidente de Perú en los últimos diez años, una cifra que refleja la inestabilidad institucional que ha marcado al país durante la última década.
Más de 27,3 millones de electores están habilitados para participar en una jornada que definirá si el fujimorismo regresa al poder después de 25 años fuera del Gobierno o si una nueva propuesta de izquierda logra imponerse con el respaldo de sectores que mantienen afinidad con el expresidente Pedro Castillo, actualmente encarcelado.
La elección revive una dinámica que se ha repetido en los últimos procesos electorales peruanos. Por cuarta ocasión consecutiva, Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, compite en una segunda vuelta frente a un candidato respaldado por fuerzas políticas identificadas con el antifujimorismo.
En las tres ocasiones anteriores, esa coalición opositora logró impedir la llegada de Fujimori al poder, favoreciendo las victorias de Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo, este último por un margen de apenas 40 mil votos.
Las encuestas realizadas antes del inicio del período de silencio electoral apuntaban a una contienda cerrada, aunque la legislación peruana impide la difusión de sondeos durante la última semana previa a la votación.
Más allá de los programas de gobierno, la campaña ha estado marcada por debates sobre dos episodios que siguen dividiendo a la sociedad peruana: el autogolpe ejecutado por Alberto Fujimori en 1992 y el intento de disolver las instituciones impulsado por Pedro Castillo en 2022, que terminó con su destitución y encarcelamiento.
Durante la campaña, Keiko Fujimori ha defendido el legado económico de su padre y ha prometido aplicar medidas de “mano dura” para enfrentar la inseguridad y recuperar el orden político y social.
Por su parte, Roberto Sánchez ha planteado la liberación de Castillo como una forma de reivindicación para los sectores que consideran que el exmandatario fue apartado del poder por intereses políticos y económicos.
La tensión política también se ha visto alimentada por antecedentes de disputas electorales. Fujimori rechazó los resultados de las elecciones de 2016 y 2021, y en esta última denunció un supuesto fraude sin presentar pruebas, en un intento por revertir la victoria de Castillo.
Además, la primera vuelta celebrada en abril estuvo rodeada de controversias debido a retrasos en la apertura de centros de votación en Lima, situación que generó nuevas denuncias de fraude por parte de sectores políticos que quedaron fuera de la segunda vuelta.
Con un electorado dividido y una historia reciente marcada por la confrontación política, Perú afronta una jornada electoral que podría redefinir el rumbo del país y determinar si continúa el ciclo de polarización que ha caracterizado sus últimos años.













