Tegucigalpa, Honduras.— Detrás de cada cifra hay un rostro, una historia y un trayecto que ningún niño debería recorrer solo. Un promedio de cuatro menores son deportados a diario a Honduras, ya que en los primeros 95 días de 2026 suman 333 los menores retornados al país, en su mayoría desde Estados Unidos, según datos de la Secretaría de la Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf).
En total, 514 personas han sido atendidas por la Senaf tras su retorno, de las cuales 333 son menores de edad y 181 corresponden a núcleos familiares. Un desglose que muestra cómo la migración infantil no ocurre de forma aislada: muchos niños viajan con sus padres, pero otros enfrentan el trayecto sin protección adulta.
De los 333 menores retornados, 192 son niños y 141 son niñas. Por grupos de edad, 82 tienen menos de cinco años, 105 están entre los 6 y 11 años, y 146 oscilan entre los 12 y 17 años. Además, 260 menores viajaban acompañados, mientras que 73 lo hicieron sin supervisión adulta, una condición que incrementa su vulnerabilidad durante el tránsito y al momento del retorno.
El origen de las deportaciones refleja la ruta migratoria predominante: 435 retornados proceden de Estados Unidos, seguidos por México con 70, Guatemala con 8 y España con 1. En cuanto a la vía de retorno, 473 personas llegaron en avión y 41 por vía terrestre, un detalle operativo que ilustra la logística detrás de cada deportación.
La cifra de 333 menores en poco más de tres meses cobra mayor dimensión al compararla con el histórico acumulado. Según Wilmer Vásquez, coordinador de la Red COIPRODEN, desde 2014 hasta enero de 2026 han retornado al país 129 mil menores de entre cero y 18 años. «Este es un dato alarmante», sostuvo Vásquez, al enfatizar que la mayor cantidad de deportaciones proceden de Estados Unidos, México, Guatemala y Belice.
Para los especialistas, la persistencia de estos retornos —especialmente de menores no acompañados— plantea desafíos que trascienden lo asistencial. No se trata solo de recibir a los niños al llegar, sino de entender por qué siguen emprendiendo viajes de alto riesgo y qué condiciones los empujan a dejar sus comunidades.
La Senaf y otras instituciones trabajan en protocolos de atención inmediata que incluyen evaluación médica, soporte psicológico y reunificación familiar cuando es posible. Pero la pregunta de fondo permanece: ¿cómo construir entornos donde los niños no sientan que migrar es la única opción para alcanzar un futuro digno?
Mientras los flujos migratorios continúan y las políticas de control fronterizo se ajustan en los países de destino, la expectativa de la ciudadanía es que Honduras fortalezca sus mecanismos de protección a la niñez, tanto para quienes retornan como para quienes permanecen.
Porque al final, más allá de las estadísticas y los procedimientos, lo que importa es que cada niño y niña pueda crecer con seguridad, oportunidades y la certeza de que su vida vale, sin importar el lugar donde nazca.


