El Paraíso, Honduras. – El regreso de Amílcar Alexander Ardón Soriano a El Paraíso, Copán, estuvo marcado por una escena de celebración pública que contrasta con el historial criminal que el propio exalcalde confesó ante la justicia de Estados Unidos.
Un nutrido grupo de pobladores recibió este martes como “héroe” al exedil, quien llegó al municipio a bordo de un helicóptero, pocas horas después de ser absuelto por la justicia hondureña en un proceso por lavado de activos.
La multitud lo esperaba con globos blancos, abrazos y muestras de cariño en una plaza pública del municipio donde Ardón fue máxima autoridad durante varios períodos.
Al descender de la aeronave, el exalcalde se persignó y luego se dirigió hacia las personas que aguardaban su retorno.
Familiares, simpatizantes y pobladores de distintas edades se acercaron para abrazarlo, mientras otros acompañaron el recibimiento como parte de una jornada que concluiría con una misa de acción de gracias por su libertad.
La escena pública proyectó la imagen de un líder local recibido con fervor por parte de su comunidad.
Sin embargo, el retorno de Ardón también reabre un fuerte contraste entre la absolución dictada en Honduras y los hechos que admitió ante tribunales estadounidenses.
En el país, la Sala II del Tribunal de Sentencia con Competencia Nacional en Materia de Criminalidad Organizada, Medio Ambiente y Corrupción lo absolvió por el delito de lavado de activos, al considerar que dentro del expediente sometido a juicio no se acreditó responsabilidad penal suficiente por esa causa.
La decisión se circunscribe únicamente al proceso hondureño por lavado y, según se ha señalado desde las audiencias del juicio oral, era una resolución previsible por las debilidades atribuidas a la acusación del Ministerio Público.
No obstante, ese fallo no modifica ni invalida las declaraciones que Alexander Ardón realizó en Estados Unidos, donde colaboró como testigo de la Fiscalía de Nueva York en juicios de alto impacto por narcotráfico contra los hermanos Juan Antonio Hernández y Juan Orlando Hernández, este último expresidente de Honduras.
En territorio estadounidense, Ardón se declaró culpable de delitos vinculados al tráfico de cocaína y posteriormente recibió una condena de “tiempo servido” en enero de 2025, decisión que tomó en cuenta su cooperación con las autoridades norteamericanas.
Esa resolución permitió su deportación a Honduras, donde luego enfrentó el proceso por lavado de activos del que ahora fue absuelto.
Durante sus comparecencias judiciales en Estados Unidos, Ardón confesó haber traficado 250 toneladas de cocaína hacia ese país desde que comenzó sus actividades criminales en el año 2000.
También aceptó haber obtenido ganancias cercanas a 200 millones de lempiras producto de esas operaciones.
El exalcalde relató además vínculos con figuras del narcotráfico internacional, entre ellas el mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán, de quien dijo que visitó en varias ocasiones su hacienda entre 2007 y 2010.
Ardón también afirmó que recibió protección de políticos y que El Chapo Guzmán pagó sobornos millonarios en Honduras.
Sus confesiones no se limitaron al tráfico de drogas.
Ante la justicia estadounidense, el exalcalde admitió participación en asesinatos, torturas y otros crímenes cometidos en Honduras.
En una de sus declaraciones, reconoció haber conspirado para matar al zar antidrogas Julián Arístides González, asesinado el 8 de diciembre de 2009.
“Sí, yo conspiré para matarlo, con otro grupo de narcotraficantes”, afirmó Ardón durante el debate del 22 de febrero de 2024 en la Corte del Distrito Sur de Nueva York.
También dijo haber aportado dinero a Wilter Blanco para fraguar ese crimen, con apoyo de Ramón Matta Waldurraga y otros jefes del hampa.
Ardón involucró además a su hermano, Hugo Ardón Soriano, exministro del Fondo Vial, como su cómplice dentro de la estructura criminal.
En sus declaraciones, también aceptó haber cometido su primer asesinato cuando tenía 19 años, al quitarle la vida a un hombre identificado como Pedro, señalado por él de haber matado a su tío Pablo Ardón.
Asimismo, confesó un segundo crimen contra una persona conocida como “Compita”, a quien acusó de intentar robarle vacas a su padre y atentar contra su vida.
Por ello, el recibimiento popular en El Paraíso, Copán, expone una paradoja: mientras parte de la comunidad celebra su regreso como una figura local cercana, el expediente público de sus confesiones en Estados Unidos lo ubica como un exalcalde que admitió haber formado parte de una estructura criminal de narcotráfico, violencia y corrupción.
La absolución en Honduras representa un triunfo judicial para Ardón dentro del caso específico por lavado de activos, pero no borra el antecedente estadounidense ni las confesiones que él mismo ofreció como parte de su cooperación con la Fiscalía de Nueva York.
Su retorno al municipio, entre globos blancos, abrazos y una misa de acción de gracias, deja una imagen profundamente contradictoria: la de un exfuncionario recibido con júbilo por sus simpatizantes, pese a cargar con una estela de crímenes reconocidos ante la justicia de otro país.













