Tegucigalpa. – Una confesión del titular del Congreso Nacional, Luis Redondo, destapó este jueves la existencia de un sofisticado sistema de espionaje al interior del Palacio Legislativo que le permitió interceptar conversaciones privadas entre diputados, incluyendo una negociación política de más de 40 minutos en la que se proponía su propia destitución.
Durante una sesión nocturna con la bancada del partido Libre que en momentos sonó como discurso de despedida, Redondo admitió haber observado y escuchado desde su oficina una conversación completa entre el entonces secretario de la junta directiva, Carlos Zelaya, y una diputada de oposición cuya identidad se reservó deliberadamente.
El encargado del Poder Legislativo reveló que utilizó este episodio, según dijo, para ilustrar a sus compañeros sobre las amenazas que enfrentó su cargo. Sin embargo, la declaración terminó confirmando lo que muchos sospechaban: un extenso sistema de cámaras instaladas dentro y fuera del recinto legislativo que trascendía la simple vigilancia de seguridad.
Redondo detalló el contenido específico del diálogo interceptado, revelando que la parlamentaria propuso a Zelaya destituirlo de la presidencia del Congreso a cambio de que la bancada liberal completa, junto con algunos nacionalistas, aprobaran toda la agenda de Libre durante las legislaturas de la actual administración. Según el titular legislativo, Zelaya rechazó la propuesta.
Lo más revelador de la confesión fue cuando Redondo admitió que tras la conversación, quedó expectante para medir si Zelaya le compartiría los detalles del encuentro como prueba de transparencia, lo cual efectivamente ocurrió. «Yo aún conservo la grabación de todo lo acontecido en esa circunstancia», aseguró el funcionario, confirmando que mantiene evidencia audiovisual del episodio.
En su intervención, Redondo indicó que ni los periodistas ni sus colegas parlamentarios conocían muchas situaciones que ocurrían y de las que solo él estaba al tanto, una afirmación que cobra nuevo significado tras admitir el monitoreo sistemático de conversaciones privadas.
El presidente del Congreso recordó a los diputados presentes que en todo el Palacio Legislativo había cámaras observando cada movimiento, algo que era de conocimiento público. Sin embargo, lo que se desconocía era que estos dispositivos no solo capturaban imágenes sino también audio completo de todo lo que acontecía en las instalaciones.
La situación de las cámaras era conocida por diputados, empleados y visitantes del Congreso Nacional, pero la capacidad de interceptar conversaciones privadas se mantenía oculta, vulnerando sistemáticamente la privacidad de quienes acudían al recinto o sostenían diálogos en sus pasillos y oficinas.
Vale recordar que Carlos Zelaya renunció tanto a la secretaría de la junta directiva como a su curul tras la divulgación de un video donde negocia con prominentes narcotraficantes aportes millonarios para financiar la primera campaña presidencial de Libre en 2013, un escándalo que sacudió al partido oficialista.
La confesión de Redondo, realizada casi al finalizar su mandato, plantea interrogantes cruciales sobre el alcance real del espionaje interno en el Poder Legislativo y, especialmente, sobre el paradero del material grabado que se acumuló durante este período de vigilancia masiva sin autorización judicial.
La revelación abre además cuestionamientos legales sobre si el Ministerio Público intervendrá para investigar este sistema de espionaje implementado sin orden judicial, así como para localizar y asegurar todo el material audiovisual que fue recopilado de manera clandestina en uno de los poderes del Estado, una práctica que podría constituir violaciones a derechos constitucionales de privacidad y debido proceso.




