Tegucigalpa, Honduras. — En un giro que ha dejado desconcertada a la opinión pública, Salvador Nasralla ha decidido desmentir su propio retiro de la carrera presidencial. Lo que parecía una decisión definitiva basada en el peso de los años y la fatiga política, este día se transformó en una postura ambigua y desafiante.
A través de sus redes sociales, el expresidenciable liberal arremetió contra quienes difundieron su renuncia, cuestionando: “¿Por qué solo publican la parte que a ustedes les interesa?”.
El político, que en un video previo argumentaba estar “bastante mayor” para las presiones electorales, ahora sostiene que sus palabras fueron malinterpretadas y que desistir de futuras candidaturas era solo una alternativa, no una sentencia final.
“Yo no he tirado la toalla”, escribió con contundencia en su perfil de Facebook, dejando claro que su nombre podría volver a aparecer en las papeletas si las condiciones de salud y el panorama político lo permiten.
Este cambio de discurso viene acompañado de una reafirmación de lealtad hacia su actual casa política, asegurando que «morirá dentro del Partido Liberal» y descartando la fundación de una nueva estructura, algo que él mismo había mencionado apenas un día antes.
Sin embargo, su permanencia no parece ser pacífica; Nasralla aprovechó para lanzar duras críticas contra figuras de peso como el diputado Jorge Cálix y el expresidente del CCEPLH, Yani Rosenthal, a quienes acusó de aliarse para impedir su victoria en 2025.
La ambivalencia de Nasralla añade una nueva capa de incertidumbre al futuro del liberalismo. Mientras un día se presenta como un asesor que busca «sangre nueva», al siguiente se posiciona como el único salvador frente a lo que llama «cúpulas corruptas».
Al final, su participación en los próximos comicios queda sujeta a un hilo de condiciones: desde un CNE neutral hasta la ausencia de otros candidatos fuertes, dejando abierta la puerta a una candidatura que, hasta hace poco, él mismo daba por terminada.


