Tegucigalpa, Honduras. – La electricidad se ha convertido en una condición decisiva para atraer inversión, competir y sostener el crecimiento económico, pero Honduras todavía enfrenta un sistema eléctrico incapaz de responder plenamente a ese desafío, advirtió el centro de pensamiento Sendas.
La organización señaló que la crisis del sector eléctrico hondureño representa uno de los principales obstáculos para la competitividad del país, debido a las interrupciones del servicio, los altos costos económicos para las empresas, la falta de inversión sostenida y las pérdidas acumuladas de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE).
De acuerdo con Sendas, la demanda mundial de electricidad crecerá durante los próximos cinco años a un ritmo 50 % superior al registrado en la última década, una tendencia que ya está influyendo en las decisiones de inversión, especialmente en industrias con altos requerimientos energéticos.
En ese contexto, el centro de pensamiento citó al Consejo Nacional de Inversiones (CNI), al señalar que una de las primeras preguntas de las empresas interesadas en instalarse en Honduras es si el país cuenta con energía estable y competitiva.
Para Sendas, la respuesta sigue siendo un reto. El sistema hondureño enfrenta dificultades para garantizar suministro suficiente, estable y confiable, lo que reduce el atractivo del país frente a otros destinos de inversión.
La organización estima que la mala calidad del servicio eléctrico cuesta a las empresas hondureñas más de 100 millones de dólares al año en pérdidas económicas, al compararse con vecinos como Guatemala y El Salvador.
Otro punto crítico son las pérdidas de energía de la ENEE. Sendas recuerda que durante las últimas tres décadas Honduras ha impulsado reformas legales, inversiones en infraestructura, alianzas público-privadas y programas para reducir esas pérdidas, pero los avances no se han sostenido.
El resultado, según el análisis, ha sido mayor endeudamiento, pérdidas crecientes y menor competitividad.
Como contraste, Sendas menciona a Guatemala y Panamá, países que reformaron sus sistemas eléctricos hace décadas y hoy registran niveles de pérdidas considerablemente menores.
En el caso hondureño, las pérdidas se ubican entre las más altas de la región y forman parte de las pocas que continúan creciendo.
La organización también advierte que los apagones representan una carga directa para hogares y empresas. Según Sendas, los hondureños pasan en promedio más de 165 horas al año sin electricidad, mientras que en El Salvador el promedio es inferior a nueve horas.
El centro de pensamiento señala que ese deterioro no solo afecta la productividad diaria, sino también la generación de empleo y la posibilidad de captar nuevas inversiones.
Además, advierte que el déficit financiero de la ENEE consume recursos que podrían destinarse a infraestructura y a preparar al país para el crecimiento futuro de la demanda energética.
Para Sendas, la aprobación de una ley no será suficiente si Honduras no cuenta con instituciones capaces de implementar, ejecutar y sostener las reformas en el tiempo.
La organización plantea que la transformación del sector eléctrico debe ser un compromiso de largo plazo, más allá de los períodos de gobierno, con participación del sector político, empresarial y ciudadano.
El desafío, sostiene Sendas, es convertir la electricidad en un motor de desarrollo y no en un freno para la economía, en momentos en que otros países de la región avanzan en nuevas fuentes de generación y Honduras aún enfrenta el riesgo de racionamientos y fallas recurrentes en el suministro.












