Marcovia, Honduras. – En la aldea Cerro Mangles, al sur de Honduras, una mazorca casi vacía resume el golpe de la sequía. Gertrudis Paz, campesino de 91 años, perdió toda su siembra de maíz y ahora espera que septiembre traiga las lluvias necesarias para intentar salvar la postrera, la última siembra del año.
El agricultor contó a EFE que sembró en mayo, cuando apenas cayeron dos lluvias ligeras, pero la milpa no logró desarrollarse. Lo poco que quedó de las matas de maíz lo regaló a ganaderos como alimento para sus animales.
“El guate lo regalé a ganaderos, todo se me perdió, a pura pobreza hice la milpa porque yo vivo solo”, relató Paz, quien aseguró que no logró cosechar “ni para un pollo”.
La escena se repite en distintas comunidades de Marcovia, uno de los municipios más productivos de Choluteca, donde la falta de lluvias golpea al mismo tiempo a agricultores, ganaderos y familias que dependen del agua de pozos.
El alcalde Nahún Cálix explicó que, para finales de agosto, los productores deberían estar concentrados en la siembra de postrera, pero la ausencia de lluvias mantiene paralizadas muchas parcelas.
Según el edil, el municipio enfrenta los efectos del cambio climático y del fenómeno de El Niño, mientras varios sectores reciben agua cada 10 o 15 días debido al agotamiento de fuentes y pozos.
Cálix indicó que se ha solicitado apoyo a la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) para impulsar sistemas de riego por goteo, con el objetivo de reducir la dependencia exclusiva de las lluvias.
La emergencia no afecta únicamente al maíz. En Marcovia también se reportan daños en cultivos de caña de azúcar, okra, frijoles y otros productos importantes para la economía local y la alimentación de las familias.
De los 298 municipios de Honduras, 103 permanecen en alerta roja por la sequía, entre ellos Marcovia. Algunos ya comenzaron a recibir asistencia del Programa Mundial de Alimentos y del Gobierno, que sostiene que aún no existe una situación de hambruna.
Para campesinos como Pablo Santos, de 74 años, la sequía actual no tiene comparación con otras vividas en la zona. Contó que preparó la tierra para la siembra de primera, pero no pudo sembrar por falta de lluvia.
Ahora mantiene limpia su parcela, donde suele cultivar maíz, frijoles y ayotes, con la esperanza de que septiembre permita volver a sembrar. En años favorables, recordó, ha logrado cosechar hasta 40 quintales de maíz.
La ganadería también resiente el impacto. La presidenta de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Monjarás, Johana Sandoval, advirtió que los productores enfrentan falta de pasto, escasez de agua y aumento en los costos de alimentación para el ganado.
“Los pozos se han secado”, lamentó Sandoval, quien explicó que algunos ganaderos temen profundizarlos por el riesgo de encontrar agua salada, debido a la cercanía de Marcovia con el Golfo de Fonseca.
La dirigente señaló que algunas reses han bajado de peso, la producción de leche no mejora y varios pequeños y medianos ganaderos ya reportan pérdidas por muerte de animales.
Campesinos, agricultores y ganaderos esperan que las lluvias de septiembre lleguen a tiempo. De lo contrario, advierten que la crisis podría profundizarse y dejar al sur de Honduras frente a un 2027 todavía más difícil.












