Tegucigalpa, Honduras. – La sequía ya no solo representa una emergencia climática para las comunidades del Corredor Seco; también empieza a perfilarse como un riesgo económico para Honduras, especialmente por su posible impacto en la producción y exportación de café.
El economista Mario Sosa advirtió que la falta de lluvias amenaza con reducir la cosecha cafetalera y afectar los resultados económicos del país al cierre del año, tomando en cuenta el peso que este rubro tiene en las exportaciones hondureñas.
Según explicó, en algunas zonas productoras de café apenas se han registrado seis lluvias, una condición insuficiente para sostener una producción normal. A su criterio, este escenario podría disminuir la capacidad del país para responder a la demanda internacional del grano hondureño.
“Este problema climático vino para quedarse y realmente va a tomar peso con la exportación de café”, señaló Sosa.
El economista recordó que el año anterior el buen comportamiento de las ventas internacionales de café contribuyó a reducir el déficit de la balanza de pagos y generó un efecto positivo para la economía nacional.
Por ello, consideró necesario proteger la producción cafetalera, especialmente porque Honduras compite con este producto en los mercados mundiales y depende de su desempeño para sostener ingresos importantes de divisas.
Sosa también alertó que la sequía no debe verse como un problema exclusivo del Corredor Seco, ya que sus efectos se extienden a distintas regiones del país y comprometen tanto la producción agrícola como la seguridad alimentaria.
“La producción del Corredor Seco ha quedado atrás”, indicó, al pedir acciones inmediatas para atender a las familias que dependen de la agricultura y que enfrentan pérdidas por la falta de agua.
El economista recordó que el Gobierno ya desembolsó 304 millones de lempiras a 50 de las 75 alcaldías del Corredor Seco, pero insistió en que se requiere un plan de acción de corto plazo para evitar que la crisis se profundice.
Entre las medidas propuestas mencionó la construcción de pozos, la instalación de sistemas de riego y otras estrategias que permitan garantizar agua, producción y alimentos para las comunidades más afectadas.
Para Sosa, la respuesta debe orientarse tanto a proteger la economía nacional como a asegurar que las familias golpeadas por la sequía puedan enfrentar los próximos meses con condiciones mínimas de seguridad alimentaria.












