Por José Eliécer Palomino Rojas
El hombre entra con su bicicleta a las instituciones educativas.
La escena parece sencilla, pero contiene un mensaje. No llega como funcionario ni como conferencista, sino como ciudadano que ha convertido la pedagogía en misión. Sergio Martínez Henao, veedor comunitario, aparece acompañado de su bicicleta, carteleras móviles y una convicción serena: educar para la convivencia.
En tiempos donde el ruido suele confundirse con normalidad y la norma con simple letra muerta, Sergio, junto con cerca de setenta integrantes de la Junta Cívica por un Ambiente Sano Contra el Ruido, lleva dos años recorriendo instituciones públicas del territorio cejeño, antioqueño y colombiano, promoviendo el cumplimiento de la Ley 2450 y la Ley 1801 mediante la campaña Cultura Amor por La Ceja.
Su mensaje no se queda en la denuncia. Busca prevenir la afectación por ruido vehicular, equipos de sonido a alto volumen, el mal parqueo de bicicletas, motos y automóviles, la ocupación indebida de andenes, las heces de mascotas en espacios comunes y otras conductas que alteran la convivencia.
Pero su forma de enseñar tiene un sello singular. Entra a las instituciones educativas con su bicicleta, la ubica como recurso didáctico, despliega carteles, conversa con estudiantes y, con tiza blanca, señala en el piso cómo debe y cómo no debe estacionarse un vehículo sobre los andenes. Entonces el salón deja de ser solo salón y se convierte en escenario de ciudadanía.
Su bicicleta dentro del aula no es una simple presencia material. Es símbolo de una pedagogía que se mueve sin estridencias.
Su lenguaje, muy antioqueño, cercano y directo, logra lo que a veces no consiguen los discursos oficiales: receptividad. Los estudiantes, desde sexto hasta undécimo grado, lo escuchan con respeto y alegría, porque reconocen en sus palabras algo genuino.
Al terminar cada jornada deja recomendaciones puntuales que parecen pequeñas, pero sostienen grandes convivencias: saludar, respetar, no arrojar basura, parquear bien, escuchar, bajar el volumen de la música y cuidar el espacio público.
No teoriza sobre civismo: lo encarna.
Allí radica quizá la fuerza de su labor. Mientras muchos hablan de cultura ciudadana desde oficinas o campañas lejanas, este veedor la lleva a las aulas escolares, a la palabra sencilla, al ejemplo.
En un país donde solemos esperar transformaciones desde arriba, historias como esta recuerdan que también existen reformas silenciosas que comienzan abajo: en un aula, en una conversación, en una bicicleta llevada de la mano.
Y quizá allí habita la formación integral.
No solo en un veedor que impulsa normas,
sino en un ciudadano que insiste en que la convivencia puede enseñarse;
que la ley puede volverse cultura;
que educar antes de sancionar sigue siendo una forma de resistencia.
Mientras muchos pasan de largo frente al deterioro ciudadano, Sergio Martínez Henao sigue entrando a los colegios con su bicicleta y su mensaje, como quien recuerda que a veces los cambios más hondos no llegan haciendo ruido, sino sembrando conciencia.
Esa es también una forma de hacer civismo y patria.
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