Tegucigalpa.- La confrontación entre sectores afines al gobierno y las iglesias Católica y Evangélica se intensificó este martes con la aparición de pancartas en varios puntos de la capital en rechazo a la «Caminata por la Paz y la Democracia» convocada para el próximo sábado 16 de agosto.
– La Conferencia Episcopal respondió que la movilización es espiritual y no se detendrá, mientras que sectores de oposición califican las pancartas como un acto de «desesperación» del oficialismo.
Las vallas, colocadas estratégicamente en lugares de alta afluencia como el puente peatonal frente a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y el bulevar Centroamérica, exhiben las imágenes del arzobispo de Tegucigalpa, Vicente Nácher Tatay, y del presidente de la Confraternidad Evangélica, el pastor Gerardo Irías.
Las fotografías están acompañadas del mensaje: «Rechazamos el uso de nuestra fe con fines políticos proselitistas».
Esta acción es vista por algunos sectores como una campaña de desprestigio que sigue un patrón similar al utilizado recientemente contra periodistas críticos, buscando deslegitimar la movilización y a sus convocantes.
La respuesta de la Iglesia
La reacción de los líderes religiosos no se hizo esperar. El vocero de la Conferencia Episcopal de Honduras, el padre Juan Ángel López, respondió a los ataques enfatizando la naturaleza no partidista del evento. «El único objetivo es orar por el país», afirmó.
En referencia directa a las pancartas, el portavoz citó el Evangelio de Mateo: «Oren por sus enemigos, amen a sus enemigos, oren por aquellos que les persiguen y calumnian». Y añadió con firmeza: «Incluso para quienes critican y atacan la caminata, nosotros les vamos a responder orando».
A pesar de lo que describen como «amenazas directas» y una campaña de intimidación, líderes de ambas iglesias han reiterado que la actividad se mantiene en pie. «Estamos listos para orar por Honduras, y lo haremos con alegría», han afirmado, insistiendo en que el fin no es político, sino espiritual.
Oposición ve «desesperación»
Desde la oposición política, la colocación de estas pancartas ha sido interpretada como un «signo de desesperación por parte del oficialismo». Consideran que esta acción constituye una violación a la libertad de religión, la libertad de expresión y el derecho a la participación ciudadana.
Mientras tanto, la convocatoria para el sábado sigue vigente a nivel nacional, en lo que se perfila como una jornada de alta tensión social y política, donde la oración se convierte en el epicentro de un pulso entre el poder y la fe.




