Fredal Rodríguez
Licenciado en Periodismo, CPH 1034
Catedrático Universitario
La empresa moderna ha puesto de manifiesto el hablar de transición a nivel de estructuras internas de trabajo. Un empleado asciende de categoría y se produce un cambio, lo mismo de un jefe en orden de jerarquía. Transición es cambio. En los albores de la política hondureña, se ha puesto de moda hablar de cambios de actores en los diferentes puestos gubernamentales, realizando un relevo de personalidades encausadas en el bienestar de la insípida “democracia”.
Hay sectores que se niegan entregar las instalaciones de las diversas instituciones del Estado, sin saber que donde está el que se nombra como nuevo inquilino, ahí está el poder. No es el lugar que certifica, es la razón de su nombramiento.
Dentro del panorama mundial, hay muchos personajes que han enfrentado crisis en sus transiciones políticas, en el orden económico hasta personal. Un ejemplo claro fue el presidente Richard Nixon en 1869, quien dimitió por escándalo publicado por Watergate, es el único presidente de los Estados Unidos que ha renunciado. Felipe Calderón en México, quien fue acusado por ilegitimidad en su nombramiento y polarización.
Podemos mencionar otros presidentes como: Dilma Rousseff en Brasil, quien enfrento un juicio político y provocó su destitución. Andrew Johnson tras el asesinato de Abraham Lincoln en 1865, tuvo una transición difícil y violenta, librando conspiraciones y una nación dividida, dificultando la gestión después de la guerra civil. Se puede mencionar a Donald Trump y Biden quienes enfrentaron una crisis de pandemia, polarización e insurrección.
Tenemos al largo de Latinoamérica, muchas situaciones de presidentes que han asumido la presidencia de forma abrupta y traumática, Venezuela, Nicaragua y otros con partidos de izquierda quienes han cimentado una teoría del socialismo mal empleada, lleno de fanáticos e inescrupulosos líderes.
En Honduras y posterior a la declaratoria de elecciones para el periodo 2026-2030, se enfrenta una lluvia de intervenciones tras la declaratoria hecha por el Consejo Nacional Electoral (CNE), quien certifica como ganador al ciudadano Nasry Asfura y donde diversos sectores señalan como fraudulenta. Todo se enmarca en no haber escrutado de forma total las actas. Una de las corporaciones municipales es la del Distrito Central, en donde su actual alcalde, manifiesta ser el ganador.
Hay un dato muy importante que debemos destacar y es que, por primera vez en la historia, el partido político actual, se niega abandonar el poder, argumentando fraude e ilegalidad, desconociendo los verdaderos entes oficiales de verificación electoral. Ha utilizado instituciones como el Congreso Nacional, Fiscalía General y Corte Suprema de Justicia para obstaculizar la declaratoria.
A medida avanzan los acontecimientos donde desconocen el gane del señor Asfura, los hondureños urgimos de un ambiente de paz y tranquilidad, deseamos llevar a nuestro país a un mejor desarrollo, en donde el empleo, la salud y la seguridad nos brinde un futuro mejor.
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